domingo, 6 de junio de 2021

Una termporada en el infierno - el disco de Fangoria cumple 22 años


Una temporada en el infierno
es el disco publicado en 1999 por Fangoria, en pleno cierre del siglo XX, que supuso su resurgir comercial y con el que alcanzaron un éxito notable después de diez años de travesía por un underground (quizá) demasiado underground.

Una temporada en el infierno - full album

Fangoria se lanzó al abismo de la ruptura con la industria musical cuando decidió finiquitar Alaska y Dinarama a finales de los ochenta y comenzar un nuevo proyecto creativo, innovador, quizá demasiado adelantado a su época, que no fue comprendido por el mainstream y que los dejó en la estacada, sin compañía de discos, sin actuaciones musicales, sin apariciones en televisión ni promoción en radios. Pero esos 10 años, los que van del 89 al 99 fueron justamente los que crearon el caldo de cultivo en el que se generaría una carrera musical que dura ya más de treinta años. Pues bien, este disco supuso el punto de partida de ese resurgir, el reenamoramiento de la crítica musical con el grupo, el éxito comercial y de ventas (alcanzaron 20000 copias), los premios (fue calificado como uno de los mejores discos españoles de la década de los 90) y la vuelta a los escenarios de Fangoria (actuaron en el Sónar) y festivales de toda España.

Y, sin embargo, es para mí un hecho incomprensible, porque este disco, siendo en mi opinión uno de los mejores de Fangoria, carece de toda comercialidad: sus canciones tienen ritmos lentos o muy lentos, hay escasos arreglos efectistas como los que han sabido utilizar en los últimos discos como creación de hits bailables, las letras son muy intimistas, quizá demasiado para el gran público, y las canciones del LP responden a un concepto unitario que comienza con Cierra los ojos y termina con la versión de Marshal Jefferson de su canción Abre los ojos.

Parece que el destino, el público y la industria se confabulasen en sentido contrario a como lo hicieron tras publicar Salto mortal (primer disco de Fangoria) y en esta ocasión les llevasen de nuevo al éxito masivo.

El primer single fue Electricistas: Alaska volvía con el pelo rojo, el grupo reforzado en directo con guitarras clásicas y el atuendo e imaginería con sombreros de cowboys. ¿Puede haber algo más alejado de la música electrónica? Otro hecho incomprensible más que sirvió para auparles de nuevo al apoyo de las radiofórmulas.

Para mí lo mejor del disco (entendiendo que todo él es una joya creativa) es su portada. Sin duda, la mejor de toda su carrera (junto con la del disco El extraño viaje, diseñada por Gaüeca), y podría hacer una lista interminable de los porqués de que este sea mi disco favorito: La colaboración con Lucho Prosper (y Clara Morán, ambos de Heroica) en las canciones, la mención a Arthur Rimbaud (Hay que ser absolutamente moderno) 

Hay que ser absolutamente moderno - Arthur Rimbaud

los medios tiempos, el tema Me odio cuando miento que es simplemente perfecto, la formación “clásica” en directo con batería, guitarra y coro, la conceptualidad del disco que tanto me gusta en las creaciones musicales.

Es un buen aniversario: quizá 22 años no es una cifra redonda para reivindicar, pero es que este disco ha envejecido tan bien que podría ser contemporáneo del 2021. Y sin embargo, se compuso, grabó y publicó en el siglo XX. ¡Qué recuerdos del siglo pasado!

sábado, 5 de junio de 2021

Doña Rosita anotada - Teatro Principal Castellón

Pocas veces he escrito una crónica cultural de cualquier tipo en sentido negativo. Es algo que no me gusta hacer pues siempre en toda manifestación artística, sea del tipo que sea, hay detrás un trabajo, una creatividad y un esfuerzo que merece ser tenido en cuenta.

Sin embargo, en esta ocasión he intentado rebuscar bien en todos los aspectos de esta obra de teatro a la que acudimos hace una semana en el Teatro Principal de Castellón, y no he conseguido encontrar demasiado positivo.

De entrada, el reclamo es la obra de Federico García Lorca: Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores, una razón para la que siempre apetece volver al teatro, más en estos tiempos de pandemia en los que la asistencia a espectáculos en recintos cerrados y teatros se ha visto seriamente mermada.

En segundo lugar, las opiniones de la crítica, que avalaban la función con tintes muy positivos en cuanto a su planteamiento, estructura y ejecución actoral.

https://teatrokamikaze.com/programa/dona-rosita-anotada/

Su director, Pablo Remón ha partido de esta obra escrita por Lorca en 1935, que habla de la historia de una mujer provinciana que se promete con su primo, quien tiene que emigrar a Argentina y nunca regresa. Y ella le espera sin más. Y es sobre el tiempo que pasa en lo que Pablo Remón ha basado su análisis y adaptación libre.

Sin embargo, el montaje no me ha enganchado y doy tres razones:

La estructura. El protagonista principal, que es el propio director,(el actor que hace de director) va “explicando” al público cómo le propusieron adaptar la obra de Lorca y durante toda la función interpela al público indicándole cómo trató ciertos momentos, en función de lo que Lorca dijo en su obra y lo que él consideró que quedaría mejor. Esa interpretación libre nos lleva de los años 30 a los 80 pasando por el surrealismo en determinados momentos y terminando en reflexiones apáticas.

Los actores. El propio actor, Francesco Carril, que hace de director explicativo sobreactúa en muchos momentos. Como solo hay 3 actores para hacerlo todo (cosa de la que ya avisa al principio) ha de hacer tanto de sí mismo, como de tía en determinadas ocasiones o de primo novio de Rosita, con demasiado histrionismo, con exceso y artificiosidad, en mi humilde opinión. Las otras dos actrices están mejor, más comedidas: Fernanda Orazi, de sobrada capacidad actoral no alcanza sin embargo a encajar en el papel de Rosita. No sé explicar la razón, pero tuve en todo momento la sensación de que estaba frente a una gran actriz actuando en un papel no adecuado para ella. Elisabet Gelabert fue quizá la mejor en el sentido de aunar capacidad actoral, creatividad interpretativa y verosimilitud.

El ritmo. La hora y pico que dura la obra se hace excesivamente larga. Dentro del surrealismo personalísimo que el director ha infringido a la obra, hay momentos de absoluto parón. La acción no transcurre. Las miradas son excesivamente etéreas. El tono de los actores se va de madre y todo parece de un deslabazamiento sin remisión.

Quiero terminar esta crónica con el punto más positivo (quizá el único) de esta obra y es su atrevimiento. Siempre he defendido la no convencionalidad en cualquier propuesta artística y esta lo tiene. Es una mirada muy diferente a todo lo visto por mí hasta ahora. El director intenta llevar a cabo un diálogo entre él y lo que ha querido hacer y nosotros como público. Es un buen intento que, sin embargo, no termina de cuajar para mi gusto, pero sin duda una interesante innovación para atraer el público al teatro, al que Lorca siempre defendió.

 


Llorar sin lágrimas

Otra mañana que se levantaba sin apenas recordar nada. Una vez más, aquellos dolores; los físicos, le recorrían el cuerpo a través de los lugares de siempre: la espalda, el brazo izquierdo en el que nunca sabía dónde o cuándo se había golpeado y, por supuesto, la cabeza. Sentía un vaivén alrededor como si todo le diese vueltas en una espiral de inestabilidad, bombeando y pulsando en las sienes con un dolor punzante. Le picaban los ojos y tenía los labios y la garganta resecos. Necesitaba beber agua con urgencia. Se levantó como pudo y trastabilló hasta llegar al lavabo. Se miró al espejo y no le gustó su imagen. Tenía un párpado ligeramente hinchado y un moratón en el carrillo izquierdo.

Cuando sus ojos se encontraron con su propio reflejo entonces aparecieron los otros dolores, los males inmateriales, la pena, el arrepentimiento, la tristeza de la soledad y la culpa. Una vez más veía aquella imagen reflejada una mañana dolorida. Una vez más se arrepentía. Una vez más lloraba sin lágrimas y maldecía sus demonios.

Sabía que ese estado pasaría. Que su cuerpo se recuperaría en un par de días y que su conciencia cobarde olvidaría convenientemente todo lo acaecido. Y que volvería a caer. Mucho antes de lo que a él le gustaría regresaría al mismo bar, a la misma barra solitaria con el mismo camarero que lo miraría entre condescendiente e indiferente y pasaría las horas allí, tomando una copa tras otra, viendo a la gente cómo entraba y salía sin que interactuasen con su vida, que pasaría apática y monótona.

Y, por supuesto, eso le conduciría a una nueva borrachera semanal, como tantas había ya sufrido. Sin contárselo a nadie, pero sabiéndolo tanta gente, tantos espectadores mudos que no hacían nada por apartarle de aquella rutina.

Sabía todo eso y sabía también que, hiciera lo que hiciese, no podría evitarlo. Su mirada anunció un atisbo de esperanza, de ánimo para que esta fuese la última, pero enseguida sus demonios le devolvieron a la ceguera impenitente que borraba cualquier esperanza. Lo asumió una vez más: era un borracho sin solución, ciego de sí mismo, cortoplacista de consecuencias y pasivo caminante de una vida que no quería, pero que tampoco creía poder abandonar nunca.


martes, 1 de junio de 2021

Descubrimiento musical Junio-2021: PAPIK

El descubrimiento musical de junio es el proyecto PAPIK, alterego del productor musical Nerio Poggi, compositor y arreglista de estilos que van del nu-jazz, al soul pasando por el pop o la bossa nova. Trabajó con Mario Biondi (ya reseñado en estos descubrimientos musicales) en un par de discos.

Papik desarrolla el estilo nu-jazz y lo combina con colaboraciones como los vocalistas Ely Bruna o Alan Scaffardi. Entre los músicos que colaboran con él hay un racimo de enormes músicos, como  FAbrizio Foggia al piano, Pierpaolo Ranieri al bajo, Fabio Tullio al saxo y Massimo Guerra en la trompeta.

Comenzó su carrera en 2009 con el lanzamiento de su primer disco Rhythm of Life que lo catapultó a la fama por la gran difusión radiofónica que tuvo.

En 2012 lanzó su sengundo disco, Music Inside que fue publicado directamente en Japón.

A partir de ese momento comienza colaboraciones como productor con artistas internacionales, como Matt Bianco, Amanda Lear y sobre todo Mario Biondi y otros cantantes italianos de fama internacional.

ONE HUNDRED WAYS


Yo lo he descubierto con su disco publicado este mismo año 2021, titulado Cocktail piano, colaborando con Peter de Girolamo, en el que nos ofrecen diez temas revisitados y tamizados por los arreglos de nu-jazz de ambos arreglistas de forma singular. Canciones como One hundred ways, de Quincy Jones, o Can’t hide love, de Earth wind and fire, pero también algunas más actuales, como American Boy, de Estelle.

Se trata de un disco ideal para la desconexión, para el mero disfrute de su música, sin hacer nada más, dejando a la mente que viaje al relax, al mundo del ritmo pausado y sincopado por los arreglos pop y jazzy de las canciones. Es una verdadera delicia para las tardes de final de primavera, pero también para los paseos matutinos por la playa o para las noches de copas. Si lo escucháis os enamoraréis de él.