domingo, 20 de diciembre de 2015

Un cuento de Navidad inerte


¡Qué pena! Sólo quedan dos días para que termine la Navidad. Con lo bien que se está recibiendo visitas y teniendo los regalos alrededor. Mira que cada año me pasa lo mismo y no termino de acostumbrarme. Me ilusiono cuando nos acercamos a la última semana de diciembre, porque todo se engalana con bolitas, estrellas y cintas brillantes. Me arreglo como nunca para esas fechas y me gusta mucho escuchar villancicos. Aunque fuera de casa hace mucho frío, en el salón se está muy a gusto, cerca de la chimenea. Y, a lo que me doy cuenta, han pasado las dos semanas de vacaciones y vuelvo a mi rutina, aburrida y tediosa.
Este año ha sido especial. Cuando montaron el árbol y prepararon toda la casa lo hicieron con la ayuda de Marc, el pequeñajo que llegó a la familia hace solo dos años. Estas navidades ya se ha hecho mozo y ha estado colgando adornos y muñecolates. Le gusta mucho jugar conmigo y yo me lo paso pipa viendo sus travesuras.
En Nochebuena, después de la cena, llegó el tío de Marc disfrazado de Papá Noel y el niño quedó entusiasmado. Le trajo muchos regalos, entre ellos una peonza con luces que gira y gira sin cesar. También algunos para sus papis, Joel y Mara que tenía un sobre dirigido a ella. Lo abrió, curiosa, y encontró un documento que no entendió al principio. Miró a Joel, luego al documento y le preguntó. ¿Es lo que creo que es? Por supuesto, le contestó él y se dieron un abrazo enorme. Pero léelo le animó. Mara leyó en voz alta. Se trataba del contrato de compraventa de su nueva vivienda en Edimburgo, adonde se mudarían nada más terminar las navidades. El segundo documento que estaba pegado al primero era la confirmación de la venta de la casa donde vivimos, a una familia de Qatar que ha venido a vivir a España. El acuerdo es dejarlo todo tal cual, incluyendo menaje, muebles y decoración.
Se les ve felices y con muchas ganas del cambio. Pero, un momento, caigo en la cuenta, ha dicho “decoración”. No puede ser, no serán capaces de dejarme aquí. Llevo con ellos desde su viaje de novios, cuando me compraron en el mercadillo navideño de Bruselas. No, no, no. Quiero mudarme también pero, debo ser realista. Un muñeco de nieve de escayola de un metro de alto no es fácil de transportar en una maleta.

Y, me pregunto, ¿estos de Qatar celebrarán la Navidad?