jueves, 17 de diciembre de 2015

La herida se mueve - reseña

Comienzas la lectura de una novela en la que el escritor habla en presente de un personaje que interactúa con otros por diversos motivos. Luego cambia y redacta en pasado, intercala un diálogo sin venir a cuento de tres líneas, continúa con unos comentarios sobre un tema alejado de lo que había estado narrando para terminar describiendo a un nuevo personaje que no ha salido hasta ese momento ni tiene, aparentemente, ninguna relación.

No hay orden, ni ubicación de la acción en lugar o tiempo, no se sabe la relación entre las personas que aparecen, ni quién habla con quién, ni por qué se cambia de tema de forma aleatoria. Tampoco por qué de repente se enumera una lista de escritores, o un teorema algebraico y, por supuesto, el lector se ha perdido ya en la página veinte del libro.

De vez en cuando alguno de los nombres que aparecían en los primeros párrafos vuelven a salir asociados a otras acciones y personas. No se sabe si son adorables o despreciables ni por qué. Aparecen líneas tachadas que inicialmente sugieren un error de imprenta pero que enseguida revelan que se han dejado a propósito. De pronto, una relación homosexual en la que uno no quiere que el otro le penetre. ¿A qué fin se ha elegido semejante título? Y para colmo de males las últimas páginas del libro con notas aclarativas que parecen personalizadas para ti como lector.


En resumen: Es la traslación más cercana de un cuadro abstracto al arte de la escritura.