viernes, 16 de abril de 2021

Un soplo de Cierzo mágico

Escritores singulares - Nieves Gracia

Hoy la pena golpea con su indiferencia en la puerta de mis sentimientos. Me obliga y empuja en una única dirección. Me transporta sin yo desearlo por el camino de la desolación, por parajes baldíos y yermos hacia un límite: es el borde de un precipicio. Es el barranco de la tristeza, al que me obliga a asomarme y a sentir el vértigo de la pérdida, el ahogo de la incredulidad. Sé lo que aguarda en su fondo. Más bien lo intuyo, y aunque no quiero mirar, mi conciencia me lo susurra.

Nunca he podido con ella. Siempre me ha superado anulando mi raciocinio y mi razonamiento. Es la muerte. Esa maldita fuerza perenne y poderosa contra la que siempre perdemos, que me ha llamado porque, una vez más, ha vencido a un ser querido. Sé quién es. Lo he soñado y llorado en el mundo onírico de la duermevela. En él me he despedido de ella, le he deseado buen viaje, y le he dado las gracias por tanta complicidad, por su risa contagiosa, por su camaradería, por su brío y desparpajo, por ser la salsa de las reuniones, por su tono de voz fuerte, por su seguridad y su transparencia, pero sobre todo por su cariño, unido a la tierra que nos vio nacer, nuestra Zaragoza querida.

Hoy un soplo de Cierzo mágico se ha llevado a Nieves al limbo de las almas buenas. Desde allí, estoy seguro de que comenzará un largo viaje, para poblar de risas y relatos otros mundos, para cubrir de cariño y generosidad otras tierras, para sentir otros vientos. Y ese mismo Cierzo, enérgico y poderoso, como es ella, nos traerá de tanto en tanto su recuerdo, su mensaje y su querer, para que sepamos que se acuerda de nosotros, de este taller de escritura que se siente, una vez más, huérfano.

La Gran Jota de la Dolores nos hizo llorar a los dos, por la emoción que sentimos cuando la música de nuestra tierra querida penetra por nuestros poros, por las sensaciones que compartimos por pertenecer a un lugar, a una tierra común. Yo me aferro a ese llanto, porque no es un llanto de tristeza, sino de plenitud y lo comparto mientras te despido.

Te veo, Nieves, te veo en mi recuerdo y no puedo más que sonreír. Te veo y escucho esa risa contagiosa y desenfrenada que siempre nos regalabas. Te veo y se que vas a colorear el espacio y a tejer un camino de verdad para otros que tarde o temprano te seguiremos y espero que allá donde llegues te acuerdes un poquito de nosotros y los buenos momentos compartidos.

Yo me quedo con tu risa. Me quedo con tu voz llamándome “mi paisanico” y no quiero que la pena me lance a ese barranco de la tristeza. Quiero mirarte y reír, porque tú siempre lo conseguiste conmigo.

Buen viaje y que el soplo de Cierzo mágico te meza en el largo viaje.

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