lunes, 12 de febrero de 2018

Y otra vez me enamoraré

NARRADORA – Julia y Carlos se casaron hace 25 años en una pequeña capilla del Alto Maestrazgo. Eran jóvenes, apenas cumplidos los primeros veinte. Cada uno era para el otro su primer amor, su primera pareja con la que decidieron unirse en matrimonio para el resto de sus vidas. Parecían la pareja ideal, modernos, simpáticos, establecidos, con sueldos generosos, trabajos que les motivaban y familias como Dios manda. Su unión fue obvia, fue lo evidente, lo que había que hacer, lo que todos hacían en los noventa, lo que la moral de la época dictaba en ciertos ambientes y desde luego en el Alto Maestrazgo. Y los años pasaron y las vicisitudes se salvaron y siguen juntos hoy, veinticinco años después. Se encuentran en un pequeñito restaurante del Mediterráneo donde van a celebrar sus bodas de plata con una cena romántica, con pescado, con vino blanco y con velas.

(En este vídeo podéis admirar la introducción narrativa de Teresa)
https://vimeo.com/255434200

Carlos: ¿Quién nos hubiera dicho, Julia, hace veinticinco años que íbamos a continuar juntos tanto tiempo?
Julia: Yo no lo hubiera creído ni muerta, Carlos. Recuerdo que yo entonces no creía en el matrimonio demasiado y me gustaba la libertad a la que accedí cuando me independicé.
Carlos: Me costó un montón de tiempo convencerte de que salieras conmigo. Tú, Julia,  entonces tenías mucho éxito. Eras tan guapa y desbordabas una personalidad tan brutal que me parecías inaccesible. Siempre andabas con tipos mucho más atractivos que yo y durante muchos meses pensé que ni te fijarías.
Julia: La verdad es que me parecías soso. Casi no hablabas y además no te lanzabas. Lo que sin embargo me hizo fijarme en ti fue cómo bailabas en las discotecas. Jajajaja
Carlos: Sí, yo era un bailongo pero los años me han transformado en alguien mucho más tímido y ahora me cuesta mucho desinhibirme en la pista.
Julia: El tiempo nos ha cambiado ¿eh?
Carlos: Nos ha traído hasta aquí, pero…¿Dónde estamos? ¿Cómo está nuestra vida? ¿A dónde nos dirigimos? Te lo pregunto con un sentimiento de que algo se ha perdido
Julia: No digas eso Carlos. Yo te quiero con locura, como nunca lo he hecho. ¿Sabes?, cuando nos casamos para mí fue una apuesta. Yo no sentía nada por ti. Me caías bien, estabas ahí siempre, me tratabas como a una reina y yo necesitaba estar en pareja. Quería un hombre a mi lado y creo que simplemente todo confluyó, y fuiste tú. Al principio creí que la rutina no podría transformar esa simpatía en amor pero cada año he ido necesitándote más. Has hecho mi vida plena y no puedo imaginarla ya sin ti a mi lado.
Carlos: Es cruel y enternecedor lo que me estás confesando. Pero yo me casé super enamorado de ti, Julia. Para mí era como conseguir algo que había anhelado siempre. Y tú eras para mí todo en esa época. Yo vivía por ti. Respiraba, trabajaba, me desvelaba por ti. Siempre estabas en mi mente y en mis deseos, y yo creo que de tanto vivirte , de tanto alimentarme de ti, me sacié. Simplemente ocurrió. Esas estrellas rodeando mi mente que sentía cuando te veía se fueron apagando poco a poco. Más tarde no brilló ninguna y la excitación dejó paso a la convivencia. Y finalmente ésta última también se deshizo en un pequeño torbellino de cotidianidad hasta que dejó un mero poso de rutina y aburrimiento.
Julia: Caramba, Carlos no imaginaba que te sintieses así conmigo. ¡Qué ironía! Yo he terminado tan enamorada de ti y tú te has desenamorado tanto…
Carlos: La vida es mucho más imprevisible incluso que el amor, y que los sentimientos. ES así como sucede, sin que nada pueda hacerse. Es una fuerza superior a cualquier otra cosa. Evoluciona, cambia y le cambia a uno mismo, transformándote en otra persona.
Julia: ¡Qué cabrona la vida! Yo que siempre imaginé que iría a mejor, que mi futuro se enriquecería con mi experiencia, con mis vivencias y ahora me dices que para ti no vale nada lo que tenemos ni lo que hemos pasado juntos. Nada más que rutina y aburrimiento…Joder, Carlos, eso no puede ser.
Carlos: Yo no la llamaría cabrona. Más bien previsible. Como te he dicho, cuando te vacías de amor nada más comenzar, luego cuesta cada vez más llenarte, hasta que el esfuerzo es tan grande, que no te merece la pena. Pero esto no es culpa ni tuya ni mía. No eres tú pero tampoco soy yo. ES el tiempo. Es la inercia de nuestras vidas y de nuestros caracteres que nos ha traído aquí. No te enfades. No es para tanto.
Julia: Hombre, Carlos, sí es para tanto y para más. Me estás diciendo que me olvide de los últimos 25 años y pase página sin ti, así, sin más. Como si me hubiera comido un helado de dos sabores.
Carlos: Pues sí, para mí ahora puedes ser tanto un helado de fresa como uno de vainilla. Tanto me da.
Julia: Entonces no hay nada que hacer...
Carlos: Nada de nada
Julia: Pues vaya final, ¿y ahora a quién voy a querer yo?
Carlos: Yo no sé si podré querer ya a alguien alguna vez. Bueno sí, a mí mismo. Me voy a querer y me voy a enamorar de mí mismo. Creo que eso sí podré hacerlo.