miércoles, 7 de febrero de 2018

ESCRITORES SINGULARES-33: DAVID GONZÁLEZ FERNÁNDEZ


David González Fernández es un ESCRITOR SINGULAR. Escritor de microrelatos, nos ofrece ya su primer libro en el mercado titulado Microrrelatos para macromomentos.

Siempre que leo algún micro de David, cuando no sus posts de Facebook, mi envidia crece y crece sin límite. Y es que uno (el que escribe) es un negado para el género humorístico. Sin embargo cada texto de David es una bocanada de humor, de sátira inteligente, de surrealismo literario “microrrelatístico” que consigue siempre, sin excepción, provocar mi sonrisa cuando no mi carcajada. Todavía no he podido abordar el almanaque de micros Microrrelatos para macromomentos pero estoy seguro de que voy a reír sin parar cuando me sumerja en sus páginas.


Creo que David se ha puesto el mundo real por montera y lo ha transformado de un modo indómito, según su peculiar visión de una realidad imaginada, donde lo que nos pudiera parecer increíble, cuando no surrealista, fluye de forma cotidiana y tranquila. Y es esa visión la que trasponde en su mundo literario y teatral. Sí, la literatura del absurdo y el teatro del absurdo conforman en David su espina dorsal, que se rodea de su verbalidad exacerbada, de su incontinencia oral y su humor sin límites.

También podemos disfrutar de su espectáculo todos los últimos jueves de febrero a mayo a las 21,00 h en ESTRUCHBAR, la cafetería de L' Estruch, el Centro de Artes y Producciones Artísticas de Sabadell.

A continuación comparto con todos vosotros, lectores, su relato titulado El Onomatopeyador, donde todo lo que he escrito antes se queda corto.
Y para que conozcáis un poquito más a su autor, una breve entrevista a continuación.

El Onomatopeyador

“UiuiuUIUIUIuiuiuxxxxsssSSSssshhhhh…” (El viento nocturno ululando entre los árboles)
“¡¡¡Bbbruuggññnn...bbBBRRUGGÑÑññnn!!!” (Un refunfuñón dromedario que finalmente accede de mala gana a que carguen sobre su joroba una pesada carga)
“Ssttwiinn...cloc... cloc... clocl-clocc... cl...” (Una bola de ping-pong golpeada con poco convencimiento y que acaba estrellándose contra la red)
“FFFFSSSSLLLLllllldddddd...” (Un pelotari resbalando con la barriga por el suelo del frontón al intentar devolver una magistral dejada efectuada por su rival)

Sería muy difícil —por no decir imposible— imaginar una realidad capaz de prescindir de la onomatopeya. Por ende, se deriva inconcebible la existencia de la onomatopeya sin la persona de Clark Wiggings, la mayor eminencia sobre la materia a nivel mundial. Este admirado y respetado lingüista escocés está considerado un auténtico adalid del fonema, un templario fonético, un devoto del sonido: si existiese un Olimpo donde morasen las onomatopeyas, no cabe duda de que él encarnaría a la figura de Zeus.
Clark Wiggings, más conocido como El Onomatopeyador, ha batallado siempre por defender y reivindicar la particular idiosincrasia sonora de la onomatopeya, tan inherente a cada acción, animal o cosa. Y por fin, tras más de cuarenta años de infatigable cruzada, el mundo entero ha acabado por reconocer su innegable valor fonético otorgándole el estatus gramatical que por derecho propio se merece. De este modo, la onomatopeya abandona para siempre la categoría de los “Ruidos”, clasificación en la que, por injusticias varias, se ha visto forzada durante mucho tiempo a tener que convivir con parias sonoros como el Improperio, el Berrido o el Guirigay.
“Con cada nuevo y caluroso aplauso que me brindan, nuevas onomatopeyas vienen al mundo”, declaró Clark Wiggings al principio de su parlamento el día que fue investido “Onomatopeyador Honorífico” por la Universidad de las Letras de Ottawa en reconocimiento a su onomatopéyica carrera.
A él le debemos la familiaridad con la que, por ejemplo, asociamos “miau” al gato, “¡bang!” con un disparo, “glu-gluglu…” a la acción de beber o “…catacrack!!!” cuando, de manera inesperada, se rompe la pata de un taburete de madera incapaz de soportar el peso de una persona. Eso sin mencionar las más de 7.000 onomatopeyas “cazadas” y clasificadas por este explorador y naturalista del sonido. En propia boca del prestigioso onomatopeyador: «Se trata de un incansable trabajo de campo. Procuro siempre capturar a la onomatopeya en su medio natural: la busco; la persigo; convivo con ella; y espero hasta que me acepte. Sólo entonces puedo transcribir la esencia de su fonema sobre un trozo de papel, revelando así su naturaleza oculta.»
No sería atrevido afirmar que a sus 74 años recién cumplidos el famoso lingüista se encuentra en la cúspide de su carrera, en la cima de su propio Everest. Y no será porque esta profesión —de la que aún sigue enamorado como si fuese el primer día— no se haya empeñado en ponerle continuamente a prueba, forzándolo incluso a arriesgar la propia vida en diversas ocasiones. Como cuando se acercó demasiado a una pareja de canguros rojos gigantes en el momento de la cópula con la intención de “cazar” la onomatopeya del orgasmo del macho, y éste, imprevisiblemente, se abalanzó sobre él arrancándole de un solo mordisco tres dedos de la mano con la que sujetaba la grabadora. O aquella vez que logró sobrevivir sin agua ni alimentos durante once días seguidos sepultado bajo varias toneladas de escombros al intentar capturar la onomatopeya que nacía tras demoler con explosivos un viejo campanario abandonado.
Como profesional que más veces ha sido galardonado con La Onomatopeya Dorada, El Onomatopeyador dirige simultáneamente la World Onomatopeyic Academy y el Onomatopeyimuseum: museo dedicado a recuperar y preservar onomatopeyas ya extintas, como el llanto de una cría de Tyranosaurus rex nada más nacer o los acelerados pasos de Jack El Destripador sobre los mojados callejones adoquinados del centro de Londres; sólo por citar algunos de los muchos ejemplos.
En la actualidad, el sobresaliente profesor convive desde hace once años con la Orden de Los Cartujos, congregación religiosa enclaustrada en el monasterio de Chartreuse, en pleno corazón de los Alpes franceses, famosa por el estricto voto de silencio que rige su día a día.
Estas son las últimas palabras que se recuerdan de Clark Wiggings, pronunciadas hace ya una década, nada más aceptar la invitación de Los Cartujos para vivir en su monasterio en calidad de “Huésped Honorífico”:
«Llegado este momento, sólo me queda hacer realidad un único sueño: onomatopeyizar el silencio.»


ENTREVISTA SINGULAR

1.- Si te dieran la posibilidad de publicar una novela con una gran editorial ¿sobre qué tema te gustaría escribirla?
Suelo escribir sobre gran variedad de temas, aunque por lo general, más que la temática, son los personajes o las situaciones lo que suele darme el pistoletazo de salida a la hora de escribir una historia. Lo que sí tengo claro es que el día que me lance a la aventura novelística, edificaré la obra sobre cimientos fraguados con humor absurdo. Un volumen plagado de personajes pintorescos que tengan que lidiar con circunstancias del todo surrealistas. ¿Novela policíaca? ¿Negra? ¿Ciencia Ficción? ¿Fantasía épica? Ya se verá.

2.- Imagino que como buen escritor que eres serás también un gran lector, ¿en qué momento del día te gusta más leer?
Tengo que admitir que soy un lector de rachas, pese a que mi cerebro se acaba estresando si lo dejo demasiado tiempo sin consumir un libro. Cualquier momento del día me parece perfecto cuando se trata de devorar una buena historia. Y en las ocasiones en las que esta me engancha de verdad, acabo por supeditar el día a día a paliar ese mono lector.

3.- He podido disfrutar de la gran originalidad de tus relatos tanto en la iniciativa El Bic naranja como en las competiciones como las Microjustas literarias. Cuando escribes, ¿qué temas o situaciones te inspiran? O sea, ¿Cómo te enfrentas al folio en blanco?
Creo que absolutamente todo es en potencia un generador de buenas ideas, ya sea un simple objeto, un comentario casual que te entra por el oído de manera fortuita, una imagen e incluso una sola palabra aislada de todo contexto. Es como si las ideas ya estuviesen ahí fuera, esperando a ser “cazadas”. A veces las descubres escondidas en el recoveco más inesperado, si es que no han sido sorprendidas antes por otros “cazadores” que te privan del trofeo. Todo pasa por estar siempre bien alerta a todo tu alrededor. Pero por lo común, mi manera de enfrentarme a la hoja en blanco es contraatacar dejando la mente en blanco. Es en ese infinito solar mental donde suelo encontrar la excusa sobre lo que empezar a escribir.

4.- ¿Qué te acompaña cuando lees? ¿Y cuando escribes?
Siempre escribo a mano, y en libreta A4 de folio blanco con bolígrafo negro, condiciones innegociables. Cuando estoy en pleno proceso (escribiendo un próximo libro, por ejemplo) me convierto en un escritor de oficina, con un horario diario de varias horas al día. Por lo general monto un campamento en la terraza de una cafetería donde puedo pasar horas pensando y escribiendo acompañado de cafés con leche, que como si de suero fisiológico se trataran, me van entrando en el cuerpo gota a gota. Sólo me planto delante del ordenador cuando estoy a punto de rematar una historia. En ese momento suelo poner un CD de cantos tiroleses a todo volumen.

5.- Hoy en día el número de publicaciones es enorme. Hay tal marasmo de novelas, libros de escritores noveles y ediciones clásicas que es muy difícil filtrar y decidir qué es lo que leemos. En tu caso, ¿qué es lo primero en lo que te fijas para decidir leer un libro?
Me dejo llevar. Puede atraparme un título, lo sugerente de una buena portada, una contraportada con una sinopsis que te incite a querer desentrañar toda la historia, una temática que me llame la atención… No escojo libros en función de si mediáticamente son o no influyentes. Disfruto deambulando por librerías o mercados de libros de segunda mano a la búsqueda de cualquier libro que me parezca que también andaba buscándome a mí.

6.- Vivimos en el mundo de la hiperconexión. ¿Utilizas las redes sociales? Cuáles son las que te parecen más interesantes y por qué.
Soy un usuario tardío en lo que a las redes sociales se refiere. Me introduje en ellas hace apenas tres años, haciéndolo coincidir con la publicación de Microrrelatos para macromomentos, mi primer libro. Las utilizo muy a modo de blog (sobre todo Facebook), donde comparto mi mundo creativo, sea en el formato que sea. No las vinculo a mi vida privada, porque me parece más interesante dar rienda suelta a la imaginación. Cómo no, son un buen medio para darse a conocer a nivel artístico (al menos en mi caso), siempre y cuando sepas sacar provecho de las enormes posibilidades que te brinda la red. Twitter lo uso muy poco, porque todo y pareciéndome un gran medio de comunicación, el vertiginoso consumo casi a tiempo real de sus contenidos exige, desde mi punto de vista, una entrega muy por encima del tiempo que estoy dispuesto a dedicarle.

7.- ¿Eres escritor de día o de noche?
Mis biorritmos escritanciales, escritoriles, escritísticos, o como se prefiera llamar, no se supeditan a unas horas concretas del día. Como no soy (o al menos así lo intento) un escritor de rachas, cuando decido poner en marcha la rotativa para un libro nuevo suelo dedicarle a la escritura gran parte del día, repartido en bloques de varias horas a lo largo de una jornada. Y así día tras día.

8.- Aparte de la literatura, sé que una de tus pasiones es el teatro, pero ¿qué otras artes te gustan? Cuéntanos un poquito cuáles y por qué (si es que hay un porqué). Y si puedes, ¿en qué proyecto teatral andas metido?
El motor de todo mi universo creativo es la fabricación constante de ideas. La escritura o el teatro me resulta el formato natural donde plasmar ese imaginario. Pero es durante el proceso creativo, en ese Big Bang donde estalla la idea inicial previa a la imparable creación posterior, donde más a gusto me encuentro; luego ya la coloco en el soporte artístico en el que ande metido en ese momento. El teatro surgió un poco de casualidad, en una época en la que pensaba y escribía ideas para formatos más audiovisuales, pero la falta de recursos me impulsó a mutar dichas ideas a un formato más accesible y directo como me parecía el teatro. Al final, fue ese medio el que me acabó enganchando. Me apetece retomar mi carrera escénica, ideando nuevos espectáculos de humor absurdo en solitario, a la par que volveré a montar un dúo teatral al estilo de Mudjumpers, cargado de improvisación. Si el tiempo me lo permite, empezaré a pensar de nuevo en audiovisual, pues la idea de abrirme un canal de YouTube o de realizar cortometrajes sigue rondando por mi cabeza. Además, continúo estudiando música (guitarra y violín), pero sin expectativas de cara al público, más a nivel personal, donde disfruto de ello, sobre todo, desde una posición docente, impartiendo clases.

9.- Te pido ahora unas respuestas rápidas

a) ¿Nos recomiendas un libro?
Respuesta difícil donde las haya, tanto o más que un show en el que un faquir se tragara un reloj de cuco haciendo que el pájaro de madera saliese por uno de los agujeros de su nariz cantando las horas. Pero puestos en la tesitura, me suele venir a la cabeza Tuareg, de Alberto Vázquez Figueroa. Un libro que me tuvo pegado del tirón al sofá de casa de principio a fin, tal cual estuviera en una sala de cine.

b) Un personaje literario que sea inspirador para ti.
Con sinceridad, no sabría decir. Evidentemente que de un modo u otro todo nos acaba influyendo, pero no suelo recurrir (al menos conscientemente) a personajes, ya sean reales o de ficción, sobre los que partir de una base. Intento siempre seguir dando forma a mi propia originalidad; o al menos intentándolo.

c) ¿Qué género literario te apasiona más?
Sin duda el género humorístico. El hacer reír con historias que partan de una idea descabellada o que carguen sobre los hombros de personajes variopintos y surrealistas.

d) ¿Eres de radio o de televisión?
Veo muy poco la televisión, al menos a lo que a programación diaria se refiere. Prefiero elegir yo que película, serie o documental voy a ver. Tampoco es que escuche mucho la radio, pero puestos a seleccionar una emisora sintonizo Radio 3.

e) ¿Mar o montaña?
Tundra.

f) La última cosa que te haya sorprendido tanto que todavía la recuerdes.
Estar en un paso de cebra con el semáforo de peatones en rojo con una paloma quieta a escasos dos metros. Al ponerse en verde, aquella paloma cruzó la carretera con total naturalidad, acoplada a la acción del resto de transeúntes. Sólo le faltaba ir fumando. No me hubiera extrañado en absoluto encontrármela horas después zureando acaloradamente con un policía.

g) Una canción o cantante que tenga para ti un significado singular
Me encanta todo tipo de músicas. Y aunque centro el estudio instrumental en el clásico y el flamenco, me considero muy ecléctico a lo que a la escucha se refiere, con estilos como el funk, el rock duro, el bluegrass, el klezmer, el jazz manouche o la electrónica. Pero como siempre digo con el semblante serio de un funcionario de correos kazajo: “Bach es el puto amo.”

10.- Para terminar, me gustaría que definieras una escena lo más cercana posible a tu felicidad.
La felicidad no hace falta buscarla tostándose bajo el sol en una remota playa virgen de Cancún. Está en todas partes, casi omnipresente, en los pequeños detalles de la vida cotidiana.