viernes, 6 de abril de 2018

Implosión sonora

Me sucedió en... el FIB. Sí, allí estaba yo, flamante, botas de cuero, bermudas negras, camiseta de Sisters of mercy y pelo decolorado, casi platino. Sin barba, ni patillas por primera vez en cinco años, completamente transformado para la ocasión de ver en directo a Jesus and Mary Chain, nuestro grupo de culto al que ya habíamos venerado en Zaragoza.
Pero antes del momento culminante de la noche, disfrutamos de los nuestros: la sensual voz de La buena vida, el sonido inglés de Automatics y, cómo no, el ininteligible cantar de J, de los Planetas, que tantísimo éxito hubiera tenido de haber sabido vocalizar...
Mi carma extasiado en un ambiente de modernidad, anonimato colectivo, sudor inmediato y excelso alcoholismo. Mis tímpanos conectados en plena vibración con todos los músculos de mi cuerpo. Dispuesto a perturbar mis sensaciones esa noche, ante el grupo que mejor ha experimentado con el ruido, destilado melodías arrítmicas y tormentosas desde lo más profundo del sonido distorsionado. Letras lánguidas, de contenido oscuro, por momentos ocultas cual Guadiana sonoro debido a la multiplicación de bajos y graves esculpidos al máximo de la ingeniería sonora.
Mi consciencia abandonó mi cuerpo. Flotaba encima de los miles de asistentes al velódromo de Benicàssim. Buscaba algo sin yo saberlo. Mi cuerpo seguía moviéndose a ritmo frenético de In a Hole, y cada vez estaba más separada de mí. La sentí diluyéndose con la energía del recinto en una unión mística de fusión molecular que le hizo integrarse en un todo, vibrando al mismo tiempo y creando un micro cosmos en aquel momento, durante apenas dos minutos de canción.
Mi identidad musical implosionó aquella noche. El deep house, la música ambiental y la electrónica fueron exterminados por el ruido. La distorsión de los rifs de guitarra, unida al sonido analógico de la doble batería, descubrieron recovecos de placer ignoto y sorprendentes que me llevaron, años después a su sublimación en Mogwai.
Y aquí estoy, esta vez en el Sonar, disfrutando de la banda escocesa, quien me recuerda aquella noche, hace doce años. Ahora los modernos le llaman post-rock pero eso no existe, ya que todos los sonidos actuales son post-rock. Mogwai es mucho más, es la sublimación sonora del ruido, la melodía, el ambiente y la distorsión. Es la hostia.