lunes, 26 de marzo de 2018

La gran apuesta - mi crónica de lectura

Tras terminar la lectura de este libro, denso y dificultoso por la utilización de la jerga bursátil y la complicada narración de la arquitectura financiera creada artificiosamente por los financieros de Wall Street, he concluido que una buena forma de reseñarlo sería copiar este párrafo íntegro:

“¿Cómo se le explica a un ciudadano inocente del mundo libre la importancia de una permuta de impago crediticio sobre un tramo doble A de una obligación de deuda garantizada respaldada por activos subprime?”
(…)
El Fondo Monetario Internacional evaluaría las pérdidas en los activos relacionados con el mercado subprime originados en USA en un billón de dólares. Un billón de dólares en pérdidas creadas por los financieros estadounidenses, a partir de una pura farsa e incardinadas en el sistema financiero de Estados Unidos.”

Es decir, es la creación de un mercado financiero de cientos de miles de millones de dólares basado en una mentira, en la suposición de que algo (lo que sucedió) no podría nunca pasar y alcanzando unos niveles de yuxtaposición de términos, creación de expresiones vacías y faltas de significado con el único propósito de decir sin contar, de hablar y hablar sin que nadie entendiese de qué diablos se hablaba y sin que, ni siquiera los eruditos economistas de Wall Street, supieran qué demonios contenían los activos financieros creados a partir de seguros de impago de préstamos hipotecarios basura que se remozaban en fondos de valor triple B que por arte de magia las grandes agencias de calificación estadounidense reconvertían en triple A.

En la crisis de las hipotecas basura (o subprime en su acepción inglesa) todos mintieron o más bien tendríamos que decir que nadie quiso entender que aquel gigante defectuoso que crecía y crecía de forma descomunal y vertiginosa caería sin ninguna duda.


La novela, desde el punto de vista literario es emocionante. Lastra un poco su interés la densidad de la jerga burocrática y económica pero aun así mantiene un ritmo suficiente que te permite avanzar.


Pero sin duda, lo más duro, lo más fuerte que he descubierto con su lectura es que la crisis, la famosa crisis inmobiliaria financiera y económica que todo el mundo lleva viviendo desde finales de 2007 no es que sucediese sin más, o porque le tocase en el rotar del ciclo económico. Es sin ninguna duda una crisis creada artificialmente por los descerebrados financieros de Estados Unidos, de codicia infinita y responsabilidad nula. Todas las partes implicadas, bancos emisores de préstamos hipotecarios, bancos de inversión creadores de activos financieros con ellas y agencias de clasificación que los recalificaban sin ningún criterio ni base, son los culpables de que miles de empresas hayan desaparecido, de que tantas y tantas personas hayan sufrido y tenido que modificar sus vidas y de que además, se nos haya acusado de que vivíamos por encima de nuestras posibilidades. Nada más lejos de la realidad. Ellos sí que vivieron por encima, pero por encima de sus posibilidades de racionalidad.