domingo, 29 de octubre de 2017

AMOR DE MADRE

Lágrimas de nostalgia me acompañan en esta noche quieta e infinita de hospital. Son ésas que surgen en los momentos de dificultad, cuando la enfermedad de un ser querido atenaza el alma y comprime la esperanza de ahuyentar la enfermedad, cruel e inmisericorde. Y descienden constantes, recordándome todos los momentos en que hurté unos minutos a su compañía, las veces que le di una mala contestación, incomprensivo con el diálogo repetitivo pero habitual en alguien de su edad.

La soledad de la habitación y el silencio de sus rincones me hacen ver el pasado perdido, la riqueza de matices y sentimientos olvidados por haber elegido placeres más mundanos y sin duda mucho más superficiales.

Y siento la tristeza por ese tiempo que pude haber disfrutado con ella, del que hubiese aprendido, sin duda, experiencias de la vida real, la vivida y la sufrida, de su esfuerzo por darme a mí la vida.

Sí, noto discurrir lágrimas hasta mi boca, cargadas de culpabilidad y desasosiego. Su sabor es intenso, repleto de anhelo por recuperar ese tiempo de vida compartida, por escuchar de nuevo esa anécdota narrada cientos de veces pero siempre con la misma intensidad y entusiasmo, como si la contase por primera vez.


Y es entonces, en la quietud de la noche, al escuchar su respiración calmada, cuando me doy cuenta de que eso es lo que le faltaba a mi vida. Eso que andaba buscando, en rincones equivocados, en esquinas erróneas, lo tenía al alcance de mi mano. Su mano suave, envejecida por la enfermedad y las dificultades de la vida en el campo, transmitiéndome su amor de madre, incluso en aquel indigno estado al que se llega cuando la enfermedad agota al ser humano. 

Y descubro, al fin, que ese suave roce, esa caricia mundana, es la mayor fuente de energía que jamás podré recibir y decido en un instante solventar mis errores, disfrutar cada segundo que pueda y cada abrazo que a partir de ese instante, le daré a mi madre querida, desde ahora, desde este mismo instante cuando mi amor por ella ha eclosionado en mi corazón e irradia con fuerza para que ella se recupere lo antes posible.