miércoles, 19 de julio de 2017

ÉXTASIS


La sinfonía para piano fluía desde el interior de su alma de forma natural, como una esencia más que su organismo destilase. La armonía de aquella pieza alcanzaba el paroxismo con la ejecución ejemplar del pianista en escena. Movimientos de cabeza sincopados, extrayendo del compás que interpretaban emociones profundas.  El demoledor silencio de la platea, pulcro, estilizado, ensalzaba la interpretación de aquel virtuoso joven de apenas quince años.  Las notas devenían en locura conceptual al sucederse series de semicorcheas y fusas descendentes que terminaban en una lúgubre melodía de apocalipsis final. Tras los aplausos, la audiencia en pie por completo, el telón negándose a cerrar.

Jacobo sintió cómo su turbación vencía a su entrenada contención escénica desbordando sus emociones. Bajó la mirada, al secarse las lágrimas, y fue entonces cuando afrontó la terrible realidad. Aquel gesto acercó a sus ojos lo que había quedado tras el accidente, dos muñones irregulares sin dedos, todavía vendados dada la cercanía del mismo.  Decidió que lo real se hiciera irreal y que lo recordado se tornase presente y siguió viviendo aquel concierto memorable en el que alcanzó el éxtasis por primera vez.