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viernes, 16 de noviembre de 2018

Por una mirada


Fue allí donde Jacobo lo vio por primera vez. Llegó en aquel vapor que traía a Washington Irving y su mirada quedó grabada en su retina, profunda e intensa. Era el ayudante de cámara y supo que se había enamorado al instante.

No podía confesarle su atracción por él, por su cuerpo de deseo y lujuria, porque hacerlo supondría condenarle a la pena máxima ya que el rey no permitiría el amor contra natura entre dos hombres. ¿Cómo se lo haría saber entonces?

Cayó la noche y estuvo seguro de que no podría amanecer sin entregarse a él. Imaginó que durante la madrugada podría acercarse a su tienda y se introduciría en su cama y lo abrazaría con pasión. Creía y ansiaba que él le correspondería y por ello se armó de valor y se dirigió hacia allí. Lo vio dormido, desnudo, terso y fibrado y cuando sintió su calor al abrazarlo por detrás, él se despertó y lo besó intensamente.
Pero un guardia los descubrió y dio la voz de alarma.

La guardia los cogió presos y fueron condenados a muerte aquella misma noche.
Pero cuando se iba a consumar la sentencia, alguien gritó ¡ALTO! Y cuando todo se detuvo, el amante de mirada intensa dejó caer sus ropas y quedó completamente desnudo, evidenciando un cuerpo perfecto de mujer con pechos pequeñitos y preciosos, casi planos que habían sido ya acariciados por Jacobo.

El rey se levantó y pronunció por primera vez una contra sentencia, permitiendo a los dos amantes vivir juntos por siempre.

miércoles, 19 de julio de 2017

ÉXTASIS


La sinfonía para piano fluía desde el interior de su alma de forma natural, como una esencia más que su organismo destilase. La armonía de aquella pieza alcanzaba el paroxismo con la ejecución ejemplar del pianista en escena. Movimientos de cabeza sincopados, extrayendo del compás que interpretaban emociones profundas.  El demoledor silencio de la platea, pulcro, estilizado, ensalzaba la interpretación de aquel virtuoso joven de apenas quince años.  Las notas devenían en locura conceptual al sucederse series de semicorcheas y fusas descendentes que terminaban en una lúgubre melodía de apocalipsis final. Tras los aplausos, la audiencia en pie por completo, el telón negándose a cerrar.

Jacobo sintió cómo su turbación vencía a su entrenada contención escénica desbordando sus emociones. Bajó la mirada, al secarse las lágrimas, y fue entonces cuando afrontó la terrible realidad. Aquel gesto acercó a sus ojos lo que había quedado tras el accidente, dos muñones irregulares sin dedos, todavía vendados dada la cercanía del mismo.  Decidió que lo real se hiciera irreal y que lo recordado se tornase presente y siguió viviendo aquel concierto memorable en el que alcanzó el éxtasis por primera vez.