lunes, 26 de marzo de 2018

La gran apuesta - mi crónica de lectura

Tras terminar la lectura de este libro, denso y dificultoso por la utilización de la jerga bursátil y la complicada narración de la arquitectura financiera creada artificiosamente por los financieros de Wall Street, he concluido que una buena forma de reseñarlo sería copiar este párrafo íntegro:

“¿Cómo se le explica a un ciudadano inocente del mundo libre la importancia de una permuta de impago crediticio sobre un tramo doble A de una obligación de deuda garantizada respaldada por activos subprime?”
(…)
El Fondo Monetario Internacional evaluaría las pérdidas en los activos relacionados con el mercado subprime originados en USA en un billón de dólares. Un billón de dólares en pérdidas creadas por los financieros estadounidenses, a partir de una pura farsa e incardinadas en el sistema financiero de Estados Unidos.”

Es decir, es la creación de un mercado financiero de cientos de miles de millones de dólares basado en una mentira, en la suposición de que algo (lo que sucedió) no podría nunca pasar y alcanzando unos niveles de yuxtaposición de términos, creación de expresiones vacías y faltas de significado con el único propósito de decir sin contar, de hablar y hablar sin que nadie entendiese de qué diablos se hablaba y sin que, ni siquiera los eruditos economistas de Wall Street, supieran qué demonios contenían los activos financieros creados a partir de seguros de impago de préstamos hipotecarios basura que se remozaban en fondos de valor triple B que por arte de magia las grandes agencias de calificación estadounidense reconvertían en triple A.

En la crisis de las hipotecas basura (o subprime en su acepción inglesa) todos mintieron o más bien tendríamos que decir que nadie quiso entender que aquel gigante defectuoso que crecía y crecía de forma descomunal y vertiginosa caería sin ninguna duda.


La novela, desde el punto de vista literario es emocionante. Lastra un poco su interés la densidad de la jerga burocrática y económica pero aun así mantiene un ritmo suficiente que te permite avanzar.


Pero sin duda, lo más duro, lo más fuerte que he descubierto con su lectura es que la crisis, la famosa crisis inmobiliaria financiera y económica que todo el mundo lleva viviendo desde finales de 2007 no es que sucediese sin más, o porque le tocase en el rotar del ciclo económico. Es sin ninguna duda una crisis creada artificialmente por los descerebrados financieros de Estados Unidos, de codicia infinita y responsabilidad nula. Todas las partes implicadas, bancos emisores de préstamos hipotecarios, bancos de inversión creadores de activos financieros con ellas y agencias de clasificación que los recalificaban sin ningún criterio ni base, son los culpables de que miles de empresas hayan desaparecido, de que tantas y tantas personas hayan sufrido y tenido que modificar sus vidas y de que además, se nos haya acusado de que vivíamos por encima de nuestras posibilidades. Nada más lejos de la realidad. Ellos sí que vivieron por encima, pero por encima de sus posibilidades de racionalidad.

sábado, 24 de marzo de 2018

Normalidad

Pelo castaño peinado a raya en el lado izquierdo, ojos marrones de mirada lánguida, sin tener sobrepeso pero tampoco delgadez, ni por supuesto presencia de fibra en ninguno de sus músculos. 1,72 de estatura y rasgos faciales suaves, sin barba o bigote y gafas sin montura que desnaturalizan su ya de por sí impertérrita mirada. Viste vaqueros azules, zapatos negros de vieja generación y camisa blanca de algodón ligeramente arrugada que lleva metida por dentro y cincelada con una correa de piel marrón oscuro. Trabaja de lunes a viernes, de 8 a 5, hace deporte y la compra semanal el sábado y se reúne con la familia (la propia o la impuesta) el domingo. 

Vacaciones de verano en la playa y macro cenas familiares cuando los copos han pintado ya de blanco el tejado del edificio donde vive. Lo europeo le parece lejano y, por ende, lo situado más allá de los Urales o del Atlántico temática fílmica, cuando no irrelevante.

Esta puede ser la radiografía de un hombre normal, de aspecto normal, que lleva una vida normal, tiene una familia “normal” en una ciudad normal......Esa inmensa mayoría de hombres que rellenan las ciudades y pueblos de España sin que de ellos sea digna de mención particularidad alguna. Ellos que, con el transcurrir de las décadas y los cambios de gobierno siguen ahí, incesantes y ajenos al vaivén de la modernidad.

Votantes de costumbre, devotos católicos, agnósticos otros, aficionados al fútbol la mayoría y a mirar sesiones interminables de programas de televisión. Disfrutan por igual haciendo una parrillada en casa de sus suegros que yendo a almorzar con los amigachos por la mañana los fines de semana.

Parece que su vida sea un tiempo y actividad que es necesario que existan para que pueda haber otras que resalten sobre ellas, sobresalgan brillantes por encima o excretantes por debajo y sin las cuales, se abriría un vacío en la sociedad indigno y de imposible solución.

Su vida se podrá calificar de aburrida, monótona, insensata, pacata cuando no paleta, consentida o inambiciosa, pero lo cierto es que el adjetivo que mejor la definiría sería el de imperecedera.

Sí, nada tiene de brillante llegar a la cúspide del éxito personal o empresarial pues ello implica caer tarde o temprano y, a veces, caer demasiado. Ni de obsceno hundirse en el infierno de la droga o la delincuencia, porque casi siempre se consigue resurgir. Lo verdaderamente arduo supone mantenerse siempre en esa franja indefinida de normalidad supuesta que te permite pasar desapercibido en los grandes conflictos a lo largo de la historia. Evitando la podredumbre que genera el capitalismo extremo y sobreviviendo a las crisis que los diferentes gobiernos y bancos ejecutan impunemente.

Sí, normal es una palabra que no debería tener significado, por lo ingente de sus acepciones, por lo inabarcable de su terminología. Deberíamos aprender que tiene más valor que lo hiperbólico o lo supremo. Normal debería de ser para nosotros sinónimo de bienestar, de armonía y por supuesto de autenticidad.

jueves, 22 de marzo de 2018

La Voz

¡Y esta es la vooooozz! ¡Na na na naaaaaa! ¿Quién no conoce este programa de televisión en el que tantos participantes intentan postularse como futuros artesanos del canto con una única carta de presentación: su voz?
No importa su físico, si son guapos o feos, arreglados o zarrapastrosos. Ni tan siquiera la química que su apariencia tenga con la cámara. Todo ello carece de importancia y se subordina a una única virtud vocal que sobrepasa los prejuicios del placer visual (al menos en la fase de audiciones a ciegas).
Yo no soy tan feo, tengo la dosis adecuada de grasa localizada (sí, en los flancos y la barriga, que es donde los hombres solemos crecer tras haber cumplido los cuarenta) que me hace parecer suficientemente atlético como para que el adjetivo gordo sea desproporcionado. Mido más de 1,80, lo que me hace tener buena percha en general y aunque las canas han invadido mi cabeza y barba, me dan un aire entre madurito interesante y cuarentón incipiente que no está del todo mal para ser de pueblo.
Sin embargo no imagino peor ridículo que el que experimentaría al participar en el programa de marras en el que únicamente se me juzgaría por mi voz. Podemos dejar al margen el sentido del ritmo y entonación, disciplinas para las que nací facultado, pero lo que es la vibración de mis cuerdas vocales es para echarse a temblar.
Si lo analizamos detenidamente, todos tenemos algo en nuestro cuerpo que nos gustaría cambiar. Cuántas veces hemos pensado (si nos preguntase un genio de la cirugía gratuita) qué nos gustaría modificar de nuestra anatomía. Podríamos hacer una lista sustanciosa: tener menos michelines, disminuir la papada, aumentar los músculos en general y en particular de pectorales y bíceps. Hacer desaparecer las ojeras, las arrugas, disminuir nuestras narices de ascendencia árabe, azulear el color de nuestro iris, y en realidad cualquier otro aditamento que nos hiciese parecernos más a un George Clooney al uso que a un españolito estándar.
Mira que hay cosas que un tío podría pedir: Puedo añadir a la lista anterior, algo a lo que definitivamente ninguno podríamos resistirnos (de ser posible): aumentar unos centímetros el tamaño de nuestra polla, por medianamente bien armado que uno vaya. Esperad, voy a pensarlo un momento… es una petición difícil de rechazar…. No, ni siquiera eso que es tan apetecible e irresistible. Yo sacrificaría todo lo anterior y elegiría cambiar mi voz.
Sí, tamaño trauma tengo con mi compañera vocal, que es quebradiza unas veces, levemente afeminada otras, débil las más y grotesca a menudo. En ocasiones estoy en una reunión crucial en la que tengo que aparentar una posición segura, hablar con convicción y cuando recurro a ella para explicar mis argumentos apenas sale un atisbo de sonido que me hace tener que repetirlo un par de veces exacerbando el tono de la segunda para que se escuche y desvirtuando por completo el matiz que quería dar a los mismos.
La sonoridad precaria se acrecienta cuando la escucho grabada en un video o en una llamada de teléfono. En tales casos, mi repulsa hacia ella experimenta un incremento digno del mayor de los rechazos.
Por ello las mañanas en que me despierto resfriado y completamente ronco son días especiales. Me escucho a mí mismo potente, grave, robusto, casi siento que mi miembro ha crecido esos centímetros tan deseados….y deseo que la ronquera me dure días, cosa que lamentablemente nunca sucede.
Pero cuando ello ocurre, todo el mundo me mira extrañado al hablarle. Me preguntan cosas como ¿Qué te ha pasado? ¿Te has tragado a un monstruo? Pareces un bicho del averno, o Pobre, estás fatal ¿no? ¡Qué ironía!, yo en ese estado me encuentro feliz y seguro, y sin embargo, nadie más lo aprecia.
Y es justamente cuando mi voz vuelve a ser la poca cosa que siempre es, cuando todo el mundo parece mirarme de nuevo de forma normal. De hecho, nadie me ha criticado nunca, ni me ha hecho comentario alguno sobre mi voz. ¿Será que todos la asocian con mi imagen y mi personalidad? Porque quizá mi forma de ser sea como es precisamente por ello. Tal vez una voz de barítono como la de Constantino Romero o Carlos Herrera me habrían hecho tener una personalidad más agresiva, o menos afable y aparecer a los ojos de quien me conoce por primera vez como un tipo mucho más duro y menos accesible.

Por lo tanto tengo que concluir que yo soy como mi voz, imperfecta, quebradiza, afable, y sin duda única.

miércoles, 21 de marzo de 2018

ESCRITORES SINGULARES-37: JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ DE LA CUESTA

José Manuel González de la Cuesta es un ESCRITOR SINGULAR. Termino de leer su penúltima novela publicada titulada Nunca seremos los mismos y constato la larga trayectoria y oficio de este prolífico escritor, que aborda casi todos los géneros: varias novelas publicadas, una nueva autopublicada en Amazon, de título La televisión de la discordia, artículos de opinión en el periódico Levante, donde aporta una visión ácida y crítica sobre temas sociales y de actualidad, relatos para diversos proyectos e iniciativas, entrevistas a personas de indudable interés cultural y social y un fantástico blog de nombre mágico: La escritura esférica que os recomiendo seguir y leer.


Es muy interesante descubrir la versatilidad de un escritor como José Manuel, su compromiso con la defensa y proyección de la literatura en general y de los escritores en particular, sobre todo los de la provincia de Castellón, a través de la iniciativa que promovió hace unos meses junto con otros escritores para constituir la AEPC (Asociación de escritores de la provincia de Castellón) que tan buenas experiencias nos está dando a todos.

Y es que os guste el género que os guste, podéis leer a José Manuel en cualquiera de sus múltiples disciplinas literarias y descubriréis a un escritor genuino, con oficio, con seriedad y compromiso, como los escritores clásicos.

A continuación comparto con todos vosotros, lectores, un fragmento de su primera novela titulada Larga tormenta de otoño.

Leedlo, merece la pena. Y para que conozcáis un poquito más a su autor, una breve entrevista a continuación.

LARGA TORMENTA DE OTOÑO – primera página
Jacobo soñaba con acariciar cada mañana el rostro suave de Ana. Era su primer pensamiento del día, el primer deseo que tenía nada más despertar desde aquella tarde en el parque, cuando la tormenta descargó una gruesa lluvia sobre su cabeza y tuvo que refugiarse en el  kiosco de la música. Llegó corriendo, empapado, y allí estaba Ana, en el centro, marcando un área equidistante entre su cuerpo y la manta de agua que caía afuera. A Jacobo le pareció una ninfa que le ofrecía refugio en medio de aquella sonora tormenta otoñal. Era una mujer hermosa, con un traje de algodón blanco de tirantes que dejaban al aire unos hombros delicadamente arropados por una chaqueta de punto de color anaranjado, y un escote que insinuaba un pecho generoso y firme. Su rostro, arropado por una suave media melena de cabello oscuro, era de facciones ligeramente marcadas y a la vez delicadas. Y los ojos... Dos perlas verdes de mar. Se enamoró de ella al instante, sin pensarlo, como si un fogonazo de luz le hubiera cegado el pensamiento, y se quedó allí, quieto, sin saber si a partir de ese momento era el dueño de su mente o si acababa de traspasar su voluntad a aquella mujer que, en medio del círculo, le hacía señas para que se arrimara más hacia donde estaba, lugar en el que se encontraría más resguardado.
Según se acercaba como un autómata teledirigido por la voluntad de la mano que lo llamaba pudo sentir la fragancia que exhalaba el cuerpo de la mujer que acababa de cambiarle la vida. Al llegar a su altura se situó a su lado balbuceando apenas alguna tontería sobre el tiempo, y se hizo el silencio entre ambos. Fueron para él unos minutos angustiosos, ya que deseaba que aquella tormenta fuera el diluvio universal, con sus cuarenta días y sus cuarenta noches, para poder estar a su lado y retrasar el momento en el que tuvieran que despedirse, momento a partir del cual se convertiría en un paria buscándola por los rincones de la ciudad. Mientras tanto, la cortina de agua empezaba a crear grandes charcos en el parque, y con cada trueno parecía se resquebrajaba el cielo. Aquello no tenía pinta de amainar, y Jacobo, superando su estado de ensimismamiento, se decidió a decir algo que a él le pareció gracioso:
—De seguir así, tendremos que hacer noche.

ENTREVISTA SINGULAR

1.- Aunque ya eres un autor publicado, si te dieran la posibilidad de publicar tu próxima novela con una de las grandes editoriales, ¿sobre qué tema te gustaría escribirla? Y ¿a qué no renunciarías nunca en aras de la comercialidad a la que supuestamente pudiera dirigirte la editorial?
Cuando escribo una novela no me planteo si es del agrado del mercado editorial o no. Quizá, porque escribo la novela que me gustaría leer y en ello pongo mis esperanzas: que los lectores y yo entremos en simbiosis literaria. Otra cosa es que alguna editorial se interese por lo que he escrito. Eso es harina de otro costal, en el que entran muchos factores, que los escritores no podemos controlar.
Es difícil decir si sería capaz de renunciar a algún texto, por sugerencia de una editorial. La verdad es que nunca me he encontrado en esa situación. En cualquier caso, pienso que una cosa es escribir una novela y otra cosa es publicarla, porque creo que en el proceso de edición tanto tiene que decir el escritor como el editor.
No me gustan los posicionamientos maximalistas. ¿Cuántas buenas novelas se habrán quedado en el cajón del olvido, porque el autor se ha negado a que le cambiaran una coma o el editor se ha obcecado en convertir el texto en algo tan comercial, que perdiera su propia esencia literaria?

2.- Imagino que como buen escritor que eres serás también un gran lector, ¿en qué momento del día te gusta más leer?
Gran lector soy. No se puede escribir sin afición a la literatura.  Es como si a alguien que le guste jugar al fútbol, dijera que no les gusta ver partidos. Lo de buen escritor es subjetivo. Pero volviendo a la pregunta: soy lector de cama o sofá; quiero decir, normalmente leo tumbado cuando tengo algún rato durante el día o ya antes de acostarme.

3.- En breve comenzaré la lectura de Nunca seremos los mismos, tu última novela publicada por Unaria y que espero reseñar pronto en este mismo blog. Cuando escribes, ¿qué temas o situaciones te inspiran? O sea, ¿Cómo te enfrentas al folio en blanco?
El acto de escribir una novela no viene, generalmente, de un momento de inspiración. Más bien se debe a un proceso mental en el que van madurando ideas, hasta que una de ellas emerge sobre las otras. En mi caso, a veces, tardo varios años desde que empiezo a pensar una novela y comienzo a escribirla. Una vez iniciada la escritura, voy dejando que la novela se vaya desarrollando en función de cómo evoluciona. No soy escritor de fichas ni perfiles de personajes ni escenarios predefinidos. Todo va surgiendo poco a poco. Todo va creciendo y tomando forma en mi cabeza. Toda la novela tiene que estar en mi cabeza.
En cuanto al folio en blanco, sólo hay una manera de enfrentarse: sin miedo al vacío narrativo que se produce muchas veces, y sin obsesionarse. Es cierto que la inspiración es mejor que venga trabajando, pero si no viene, hay que desplegar mucho oficio y, en último extremo, darse una vuelta.

4.- ¿Qué te acompaña cuando lees? ¿Y cuando escribes?
Nada. Cuando leo, silencio. Cuando escribo, silencio.

5.- Hoy en día el número de publicaciones es enorme. Hay tal marasmo de novelas, libros de escritores noveles y ediciones clásicas que es muy difícil filtrar y decidir qué es lo que leemos. En tu caso, ¿qué es lo primero en lo que te fijas para decidir leer un libro?
Uff!! Tengo algunos escritores de cabecera: Muñoz Molina, Almudena Grandes, Vázquez Montalbán…, muchos más que no voy a listar ahora. De estos, suelo leer casi todo o que sacan. Después me dejo guiar por recomendaciones de amigos, o, simplemente, voy a la librería y me doy una vuelta a ver que encuentro. También me gusta leer a los escritores y escritoras de Castellón. Leo bastante de lo que se escribe.

6.- Vivimos en el mundo de la hiperconexión. ¿Utilizas las redes sociales? Cuáles son las que te parecen más interesantes y por qué.
Un escritor no tiene más remedio que estar presente, de una manera u otra en las redes, sobre todo cuando no tienes una editorial detrás que te hace todo el trabajo de promoción. Además creo que las redes sociales nos facilitan mucho saber qué piensan nuestros lectores sobre lo que escribimos. Hay una interconexión que es fantástica. Sin embargo, hay que tener cuidado y utilizarlas en su justa medida, porque si no te acaban absorbiendo y haciendo perder el tiempo.
Todas las redes sociales son interesantes, depende el uso que hagas de ellas o lo que hallar en ese mundo tan vivo, para lo bueno y para lo malo. Yo procuro tener una presencia moderada, porque, pienso, que una exposición excesiva es contraproducente. Utilizo, principalmente, facebook.

7.- ¿Eres escritor de día o de noche?
De día. La noche es para el relax o la diversión.

8.- Aparte de la literatura, ¿qué otras artes te gustan? Cuéntanos un poquito cuáles y por qué (si es que hay un porqué).
Si me preguntan qué artes me gustan como creador, he de decir que, salvo para la literatura, soy un negado para el resto. Como espectador, me gusta la fotografía, la pintura, el teatro, el cine y la música, sin despreciar la arquitectura. Soy un poco picalotodo, porque me habría gustado haber nacido en el siglo XV y ser un hombre renacentista, abierto a la cultura, el arte y el conocimiento.

9.- Te pido ahora unas respuestas rápidas

a) ¿Nos recomiendas un libro?
Recomiendo el que acabo de leer: “El lector de Julio Verne” de Almudena Grandes, publicado por Tusquets, dentro de la serie de la autora Episodios de una Guerra Interminable. Es un libro brutal, que os relata cómo era la vida en aquella España en la que la guerra no acabó en 1939, y siguió sembrando muerte represión por muchas sierras del país. Concretamente, en este caso, en la Sierra Sur de Jaén. Y lo más brutal es que todo está contado por un niño de 10 años, hijo de guardia civil, que vive en el cuartel. Tengo que decir, que me ha impresionado bastante. 

b) Un personaje literario que sea inspirador para ti.
No tengo uno definido. Cada personaje es parte de un mundo literario y ahí deben seguir. Si hubiese alguno que me inspirara, estaría escribiendo gracias a la inventiva de otro.

c) ¿Qué género literario te apasiona más?
La novela, en general. Cualquier novela, sea del subgénero que sea, si está bien escrita puede ser apasionante. También me interesa el ensayo, pero en otra dimensión.

d) ¿Eres de radio o de televisión?
Más de radio, que de televisión

e) ¿Mar o montaña?
Montaña

f) La última cosa que te haya sorprendido tanto que todavía la recuerdes.
Mi capacidad de sorpresa, cada vez es menor. Una lástima.

g) Una canción o cantante que tenga para ti un significado singular.
Esta es una pregunta que nunca sé responder. Me gusta la música y me gustan muchos cantantes, de diferentes palos. Quizá, si tuviera que quedarme con alguno, por llevar con él desde que era un chiquillo, me quedaría con Serrat.

10.- Me gustaría que definieras una escena lo más cercana posible a tu felicidad.
Lo más cercano posible a mi felicidad es que mi familia y mis amigos, sean felices y que nadie tenga dolor, porque el dolor es invalidante y nos reduce a la nada.

11.- Eres un autor comprometido con el colectivo de escritores de Castellón e impulsaste recientemente la creación de la Asociación de escritores de Castellón (AEPC) junto con otros escritores de la provincia. ¿Qué acciones crees que debería llevar a cabo la administración para potenciar / apoyar a este colectivo? Y ¿cuáles son los próximos proyectos de la AEPC?
La literatura es bien cultural que traspasa las berreras del arte, porque atesora en su seno todo el conocimiento que la humanidad ha sido capaz de desarrollar a lo largo de su historia. Sólo por esto, las administraciones deberían tener una atención máxima hacia la creación literaria y hacia el fomento de la lectura. Se me ocurren muchas cosas que pueden hacer las administraciones, y lo peor de todo, es que ellas saben lo que tienen que hacer, pero no hacen.
En nuestro caso concreto, vamos a firmar el segundo convenio con la Diputación de Castellón, que tiene como objetivo impulsar la creación literaria entre los escritores y escritoras de Castellón, este año mediante la convocatoria de un premio de novela; y el fomento de la escritura entre los jóvenes, mediante un concurso de relatos de extensión provincial.
Vamos cumpliendo objetivos y, para ello, es posible que este 2018 pongamos en marcha una página web, con el fin de abrir un portal para la promoción de los escritores miembros de la AEPC y su literatura.

12.- Y para terminar, ¿Cómo valorarías la producción literaria de la provincia de Castellón?

Muy buena. Castellón está viviendo una época literaria de oro, con buenísimos escritores y escritoras. Sólo hace falta, que desde las instituciones se potencie que se lea la literatura que aquí se está escribiendo.

martes, 20 de marzo de 2018

The reader - crónica de una afectación

¿Puede sentirse amor por alguien culpable de asesinato? ¿Puede ese amor determinar el devenir de una vida y marcar desde muy joven el destino de alguien? Y ¿cómo puede mantenerse un secreto íntimo, por siempre, de por vida, sin que se convierta en putrefacción y termine con ella?

The reader me ha hecho reflexionar sobre todas estas preguntas, sobre lo importante que es nuestra pubertad, lo tremendamente profundo que nos marca las experiencias que vivimos durante ese período y lo intensamente transcendente que demarcará nuestro carácter futuro. Y ello me ha llevado a pensar en por qué a veces hacemos ciertas cosas, tomamos algunas decisiones y también por qué en un momento dado elegimos no dar un paso, que sabemos trastocará el escenario en el que vivimos. ¿Es una decisión que se toma en base al equilibrio entre lo que pueda pasar y lo que nos ata a nuestra situación actual? ¿Es simplemente miedo? ¿O quizá cobardía?

Kate Winslet interpreta magistralmente a Hanna Schmitz en un papel tremendo con la sobriedad de una actriz que desaparece en sus personajes. Hanna aparece de inmediato y Kate se marcha. Y es al final de la película, cuando la lágrima no puede aguantar más y resbala por mi mejilla cuando me doy cuenta de que ella representa un tren que alguien dejó pasar, a quien alguien decidió no subirse y a pesar de ello, Hanna mantuvo una dignidad que le llevó a estar veinte años en prisión pero que deja el film de Stephen Daldry tildado de su presencia, de su mirada estática y su gesto adusto, rodeada de literatura leída y escuchada y aunque lo tremendo de la historia es el terror del nazismo, Hanna (Kate) lo supera, lo engulle y consigue que el recuerdo que quede de la misma sea esa mirada intensa, ese diálogo eterno que parece detenido en el tiempo.

He llorado con The reader, he sentido lo que Michael Berg probablemente sintió en esa realidad hipotética que es la vida dentro del film, y he sentido el desgarro que Ralph Fiennes destila en sus recuerdos.

Todo me ha afectado en esta película. Kate ha reforzado aún más su imagen de actriz perfecta, la literatura, pátina de cura para la incultura y el horror, el paso del tiempo en las historias que tanto me gusta y la vista atrás con cierta nostalgia, cuando no con dolor.


Una vez me cure de esta película abordaré la lectura del libro original del que estoy seguro saldré todavía más herido. Pero no puedo dejar escapar este tren.