jueves, 5 de julio de 2018

Soy real

Beatriz había decidido tirar la toalla. Harta de no encontrar ropa para su talla, después de seguir todo tipo de dietas, tratamientos personalizados, visitas a endocrinos, tablas de entrenamiento y alimentación macrobiótica, y de que fuese objeto de chanzas y burlas por doquier, de humillaciones en la red, de desmesuradas críticas por su aspecto y su peso, un buen día se plantó delante de su espejo, desnuda, se miró y se dijo a sí misma.

—Pues esto es lo que hay. Soy flaca. ¡Qué le vamos a hacer! No hay Dios que me haga engordar ni que me dé curvas. Plana por delante y por detrás cual espagueti andante. ¡Para colmo este grano en la punta de la nariz, joder! Y ¿me ha salido un poco de bigote? Pero si me hice el láser en sesiones interminables…Ostras, lo peor es lo de las costillas, mi cuerpo parece una espaldera, se pueden hasta contar. ¡Ay qué piel tan blanca, y es que yo paso del blanco al rosa bermellón en menos de una hora! Y lo peor, lo más friki, mi ombligo hacia afuera. ¿Se puede tener más mala suerte? ¡Seguro que a mi madre le tocó el peor ginecólogo de su promoción!

—Nada, lo tengo que admitir y asumir, también soy fea. ¿Y qué? ¿Acaso los miles de tíos que actúan como youtubers o instragramers que circundan la red son modelos musculosos? Pues claro que no. Hay cada cardo por ahí que tira de espaldas. Y sin embargo, nadie les critica por su aspecto. Yo soy fea y rica, ¿eh? Que conste, porque el millón de seguidores que tengo en Instagram y mi canal de youtube: Beatrácica galáctica lo peta a diario. Y vivo de puta madre, pero siempre con mi máscara virtual.

Inmediatamente después cogió su cámara fotográfica, se hizo un selfie que no dejaba lugar a dudas sobre lo que mostraba y lo colgó en todas las redes sociales en las que participaba. Y lo subtituló así:

“Si lo que estás mirando te deja perplejo, sin aliento, o quizás estupefacto, tranquilo. No le pasa nada a tu vista, simplemente he utilizado el filtro de la realidad, y al fin me vais a ver como yo soy, sin más, real. ¡Y ahora vas y lo cuentas!