martes, 19 de septiembre de 2017

FANGORIA - Mi crónica del concierto en Peñíscola

Acudir a un concierto de Fangoria es siempre una delicia personal, pero cuando se hace con la compañía de buenos amigos y, en especial, con la de mi mujer y mis dos hijos de 9 y 11 años, la experiencia se convierte en inolvidable.
El concierto se celebró en la carpa de fiestas de Peñíscola, un recinto mediano en el que sin embargo no tuvimos en ningún momento sensación de agobio. Aunque la geometría de la carpa no invitaba a reproducir un sonido perfecto, estuvo bastante acertado, algo que me sorprendió.

Comenzó Fangoria con un clásico de Dinarama, El Rey del glam, pasado por el tamiz electrónico de 2017 seguido de El cementerio de mis sueños, para mí la canción más redonda del disco El extraño viaje, con el que Izan (en el momento de su publicación tenía 2 años) descubrió a Alaska y a Fangoria. El trío del comienzo terminó con Ni tú ni nadie, con el que el público se vino arriba, signo inequívoco de la década predominante en la que vivíamos muchos de los presentes, como queda también reflejada en mi primera novela titulada ¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?


Tras este trallazo guitarrero del comienzo continuaron con canciones de sus últimos discos, Canciones para Robots románticos, y Cuatricromía, como Iluminados, que Adrián (mi hijo de nueve años) se sabía de memoria, Desfachatez, una de las más aburridas en mi opinión, Más es más, que para mí es un canto al exceso, Manual de decoración para personas abandonadas que no perdió su encanto y preciosismo con la puesta en directo y Disco Sally con variaciones de electrónica-máquina muy convenientes para perder los papeles bailando, como si estuviésemos en un after-hours.

Siguió el concierto con la parte más elaborada y en mi opinión más creativa, encadenando verdaderas joyas compuestas por Nacho y Alaska: Espectacular fue tal cual su título, una explosión de luminosidad y melodía que la pareja combina tan bien con los ruidos y las bases rítmicas. La siguieron Perlas ensangrentadas, revisitada para el momento actual y con una carpa a punto de explosionar por la magnitud de una canción tan potente y que se ha mantenido durante tantos años. Absolutamente comenzó con un recitado de Sara Montiel que nos dejó boquiabiertos y una puesta en escena elegante, barroca y preciosista. Explosionó después Geometría polisentimental, himno transgeneracional que coreamos toda la familia, mi mujer Laura y mis dos hijos que se la sabían de principio a fin. También nos encantó la siguiente, Dramas y comedias. Izan esperando el momento de la coreografía que los bailarines representan en el video clip. Su musicalidad y melodía es positivista a tope.

El trío final enlazó con el trío del comienzo en mi opinión: No sé qué me das despertó al público y levantó sus brazos en un viaje mediático que arrasó con A quién le importa, coreada por las miles de personas presentes en la carpa a volumen brutal. El momento de excelsa adrenalina terminó con Fiesta en el infierno, en mi opinión mejorada hasta lo sublime en su versión en directo.

Todos queríamos más, por supuesto y tras unos minutos reaparecieron Rafa Spunky, Baby Horror, Nacho Canut y Alaska para interpretar la canción que vehicula la película Cuernos de espuma, de Manuel Toledano y con la que Alaska se emocionó en uno de sus últimos cumpleaños interpretada por Asier Etxeandía, ¿Por qué a mí me cuesta tanto?, profunda, sentimental, lánguida y electrizante.
Pero el pre-final tenía que estar a la altura de un concierto como el que dieron y el aluvión final no tuvo descanso, con todas las canciones unidas que hablan de bailar que dejaron al público extasiado.

La sorpresa final fue mucho más que una sorpresa, cuando Alaska invitó al escenario a la Nancy Anoréxica (alter ego de Mario Vaquerizo) para interpretar un tema-remix-mezcla-versión que comenzó con la pecular visión de Nacho Canut  de Hey boy, hey girl, de los Chemical brothers muy bien traída en su mezcla hacia el clásico Y.M.C.A. y versionada en castellano que literalmente creó una implosión sonora en la que el público se entregó a los pies de la estirpe Fangoria y sus acólitos.
Sí, eché de menos más temas de la primera etapa de Fangoria, de la trilogía Un día cualquiera en Vulcano, algún single de los discos más comerciales intermedios de Fangoria y quizá hasta alguna canción “rara” de Dinarama que en el renacer de Fangoria a final de los 90 solían añadir en los directos.

La última vez que estuve en uno de sus conciertos fue en el Sónar en el que actuaron durante la gira posterior a la publicación de El extraño viaje y el listón lo dejaron muy alto pues en aquella ocasión ofrecieron una primera parte con un cuarteto de cuerda, todos vestidos de blanco, fusionado con la electrónica que es imposible olvidar.


Sin embargo, y aun a pesar del hándicap de aquel fantástico precedente, fue una noche para recordar, para rememorar años después, cuando mis hijos hayan crecido y quizá vayan a su primer concierto con sus propios hijos, y estoy feliz porque sé que éste, el primer concierto al que ellos acudieron en su vida, lo recordarán siempre con cariño y devoción. Larga vida y prosperidad-------