viernes, 13 de enero de 2017

SUEÑO EN AZUL MARINO

Su éxito había sido fulgurante, tras una primera etapa de impresionismo que fue evolucionando hacia la abstracción, su gran pasión. Para ella era algo artificial. No podía creer que tras solamente 5 años de creación hubiera llegado a exponer en el Reina Sofía y que tuviera una exposición permanente en el IVAM.


Se sucedían entrevistas en programas de televisión, prensa especializada, y escuchaba su nombre de las voces más “In” de la cultura española cuando se les preguntaba por su pintora favorita.

Pero ella era crítica con la fama y con los críticos que la habían encumbrado. A menudo encontraba vacíos los comentarios sobre su obra, ya que solían quedarse en lo inmediato del efectismo abstracto, sin profundizar en su significado.

Sofía era muy ácida en su blog. Se podría considerar que toda artista que consigue alcanzar un estatus mediático debería tener comportamientos histriónicos, ser a veces excesiva en sus declaraciones (véase Lady Gaga). Pero ella no lo era conscientemente, o no al menos con el objetivo de conseguir la fama.

Simplemente, era una inconformista con los convencionalismos del mundo del arte.

Cecilia la conoció en una exposición de la fundación Ibercaja en Zaragoza. Amante frustrada del arte abstracto, y pintora en soledad, su trabajo mundano en el departamento de conservación del museo de Borja relegaba su arte a la categoría de hobby. Aquella pequeña muestra zaragozana le impresionó. Además, pudo conocer a su autora, Sofía Yanke, la mediática pintora Zaragozana que había llegado a mencionar el mismísimo Presidente en algunas ocasiones.

Se habían hecho cómplices nada más conocerse y tenían una relación muy especial. Sofía, famosa y mediática, en el fondo odiaba la popularidad mientras que Cecilia, artista en su privacidad, anhelaba poder mostrar su arte al mundo.

Cuando se les ocurrió la idea, al principio les pareció un poco bizarra. Al fin y al cabo la obra que iban a “retocar” estaba ya catalogada y vigilada pues se exponía de forma permanente en la fundación Ibercaja. Pero a ambas les pareció una buena forma de agitar las conciencias de la modernidad y de mostrar la falsedad que rodea al mundo del arte en tantas ocasiones.

La obra apareció simultáneamente en los dos lugares. En la exposición permanente de Sofía Yanke del IVAM donde fue clamorosamente elogiada y descrita como obra maestra e innovadora del concepto del arte abstracto y en el museo de la fundación Ibercaja, donde siempre había estado exhibida antes de haber sido “enviada al departamento de restauración de Borja para reparar el daño que el tiempo había producido desde que se terminó en 1915.

El escándalo fue mayúsculo. Cecilia recibió todas las críticas y adjetivos, incluyendo las múltiples peticiones de su cabeza desde todos los sectores del arte. Críticos que no podían creer lo que se había hecho durante su restauración con aquel cuadro, supuestos expertos, catedráticos en historia del arte... Todos estuvieron de acuerdo en el crimen que se había realizado con “Sueño en azul marino” .

Algunos de aquellos mismos críticos y expertos elogiaron hasta lo indecible el cuadro expuesto en el IVAM: “Mar soñando en azul”.

Ninguno había reparado en ello. Pero aquel domingo en pleno Prime time televisivo se emitió el documental que Cecilia y Sofía grabaron durante el proceso de elaboración de los dos cuadros. Ambos en el mismo momento, con el mismo pincel, la misma autora: Sofia Yanque y el mismo resultado final, que iba acompañado por una fotografía de ambos cada uno en su actual emplazamiento.

Los últimos titulares publicados tras aquella traición al mundo del arte que sus expertos publicaron, indicaban que lo evidentemente visto en el documental no era posible. Aquel montaje no se lo podía creer nadie....