martes, 10 de enero de 2017

SIN ERRORES

William corría muerto de miedo. El sudor le empañaba las gafas y dificultaba más su huida. Esa misma tarde había recibido la última amenaza de muerte y decidió escapar.

Cuatro años atrás descubrió que el grafeno se podía utilizar como agente anticancerígeno. Los ensayos clínicos con voluntarios humanos daban resultados rotundos. Su comercialización acabaría con miles de fármacos para la quimioterapia que la industria farmacéutica vendía a precios astronómicos.

Cogió lo fundamental de la futura patente y corrió al aparcamiento. El asesino lo esperaba. Sus instrucciones eran precisas: Sin errores.

Cuando William se acercó a su coche, sonó el  disparo.


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