viernes, 6 de enero de 2017

VIVAN LAS REBAJAS - seleccionado para la antología AFRODITA Y EROS II

LETRAS CON ARTE ha seleccionado mi relato titulado: VIVAN LAS REBAJAS para la antología titulada AFRODITA Y EROS II, en el que han participado mas de 1300 relatos.

http://letrasconarte.es.tl/FALLO-AFRODITA-Y-EROS-II.htm 


Os dejo aquí el relato por si os apetece leerlo

Comenzaban las rebajas en la tienda en la que Pablo era comprador habitual. Moreno, de ojos verdes, musculatura voluminosa y dos metros de altura, su labia de adjetivo locuaz le permitía tener sexo sin dificultad.
Aquella tarde, se había levantado de la siesta empalmado pensando en la dependienta morena y melena larga. Era muy atractiva, ojos azul claro y labios siliconados. El uniforme de verano le realzaba un culo prieto y los dos últimos botones del top que ella dejaba desabrochados desembocaban en un canalillo de vicio. Sus miradas se habían mantenido ya en varias ocasiones, lo que le indicaba que ella mostraba interés por él.
Así que decidió pasar por la tienda. Cuando llegó acudió a los probadores. Ella estaba allí. Le miró descaradamente las tetas y se introdujo en el último. Cuando la vio aparecer se puso de espaldas mostrando su culo y su espalda fornida y comenzó a bajarse el pantalón lentamente. Dejó su slip azul celeste sin quitar y cuando fue a bajarlo decidió girar la cabeza para comprobar si ella estaba mirándole.
Sus ojos no llegaron a encontrarse pero la vio que hacía como si estuviera recogiendo prendas del probador de enfrente. Pablo estaba ya completamente duro. Se volvió de lado y actuó como si ella no estuviera allí. Se bajó el slip hasta la rodilla, dejando su miembro, completamente erecto al descubierto. Se lo agarró con la derecha y fue abriendo la cortina.
La sorprendió sentada en frente. Pablo se puso a cien. Le pidió que se acariciase las tetas. Ella le obedeció. Después se desnudó mostrando un diminuto tanga. Pablo cruzó el pasillo y lanzó su lengua a los pezones. Ambos habían perdido por completo el control y no parecían darse cuenta de que en cualquier momento podía entrar alguien. A la chica le sonó el teléfono y le pidió que la siguiera hasta el almacén. Se adentraron casi desnudos y cerraron por dentro.
Ya en el suelo, dirigió su boca al pubis rasurado y trabajó con ahínco su botón de placer. Cuando los gemidos terminaron, adelantó su cuerpo y le ofreció su sable. Ella le llevó al límite de la eyaculación en un orgasmo incontrolado. Tras la descarga de placer, quedaron tumbados en el suelo, exhaustos.

Cuando despertaron eran de madrugada. El centro comercial estaba cerrado y decidieron disfrutar, esta vez ya sí, sin estrecheces del placer mutuo y la lujuria.