martes, 7 de noviembre de 2017

TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A ROMA

"¡No sé qué voy a hacer para solucionar este problema!", me decía yo cabizbajo cuando el vuelo de Alitalia que nos conducía a Roma alcanzaba su velocidad de crucero. ¡Vaya cumpleaños de mierda! Pensé después. Justo un veinte de septiembre y tenía que estar volando hacia Bangladesh. Todo se había confabulado para que el más grave de los problemas se uniese con el más conflictivo de nuestros clientes en el peor momento posible. Y allí me encontraba yo, en camino hacia la capital italiana, donde haría tres horas de escala antes de realizar el segundo hasta Dhaka.

Mi estado de ánimo no podía ser peor. Lejos de los míos el día que cumpliría cuarenta y cinco, a punto de comenzar el otoño y con un horizonte a la vista de problema sin aparente solución.
Decidí romper mis pensamientos con la lectura. Abrí el libro que me acompañaba en aquella ocasión y comencé a desprenderme de la negatividad. Disfruté de la prosa de Julia Navarro, una de mis escritoras favoritas.

Iba sentado en el pasillo, lo que me permite estirar las piernas y levantarme sin necesidad de molestar a nadie. El asiento de mi izquierda estaba libre y el siguiente ocupado por un señor muy alto y bastante elegante que me había saludo cortésmente antes de comenzar el vuelo.

Cuando llevaba un buen rato leyendo, observé que mi compañero de fila hacia movimientos con los brazos. Al principio solo lo miré de reojo, pues no quería ser indiscreto. Intenté continuar leyendo pero no pude concentrarme. Seguía moviendo bruscamente los brazos en alto y moviendo la cabeza de forma extraña. Me giré y contemplé un comportamiento poco normal. Como él no me miraba decidí no decir nada. Me mantuve a la espera y pude notar que el tipo intentó ponerse en pie y comenzó a golpearse la cabeza contra el techo del avión. Al levantarse, todo el mundo entró en tensión. Un auxiliar de vuelo acudió y le preguntó qué le ocurría. Yo decidí abandonar mi asiento y me fui unas filas hacia atrás.

Por lo visto el señor no respondía ni parecía darse cuenta de que le estaban diciendo. Los auxiliares preguntaron si había un médico en el avión y una señora acudió al lugar. Lo observó y comentó que seguramente o era epiléptico o estaba tomando alguna medicación fuerte que se había olvidado. No supo nadie dar un diagnóstico más preciso.

Ante la virulencia de sus movimientos y la peligrosidad de los mismos, ya que no veía ni discernía si golpeaba a alguien o no, se vaciaron todas las filas de alrededor y la gente se redistribuyó. Resultó que el sitio que yo había ocupado estaba rodeado de un grupo de monjas mejicanas que acudían a Roma por algún evento religioso. Empezaron a decir que era el demonio el que se había apoderado de aquel señor y que debían elevar un rezo para impedirlo. Las ocho monjas se pusieron a rezar y cantar en voz alta, cánticos en español con acento mejicano.

Yo cada vez me sorprendía más. El surrealismo de aquel vuelo no lo había vivido nunca.

El tipo se tornó realmente agresivo y tuvieron que reducirlo entre tres auxiliares de vuelo. Afortunadamente en aquella ocasión casi todos eran hombres y pudieron, por la fuerza retenerlo y atarlo con el cinturón al asiento. Debieron sentarse a ambos lados para impedir que se desatase y continuar así todo el resto del vuelo. Había un barullo tremendo, la gente murmuraba, las monjas cantaban a pleno pulmón cánticos religiosos y toda la gente de la parte trasera había comenzado a rezar padres nuestros y aves marías en voz alta.

Transcurrió una hora con ese escenario cuando el capitán anunció que comenzábamos el descenso al aeropuerto de Roma Fiumicino. Todo pareció calmarse. Los cánticos terminaron y el silencio retornó al avión. Cuando tomamos tierra y el avión se detuvo, los auxiliares ya habían dejado al señor solo en su asiento que parecía haber retomado su posición elegante inicial. Yo me acerqué a mi asiento para coger mi maleta de mano y el señor, muy cortés de nuevo me dijo en un perfecto inglés: “Encantado, que tenga usted un buen día”, y salió caminando como si todo hubiese sido un sueño.


¿Quizá realmente lo fue?

domingo, 5 de noviembre de 2017

ESCRITORES SINGULARES-24: LEONOR PLA

Leonor Pla es una ESCRITORA SINGULAR. Sus relatos mezclan el costumbrismo más cercano con situaciones inverosímiles, humor ácido y dobles sentidos. Y todo ello envuelto en una buena píldora de humor que te levanta el ánimo nada más leerlos. No hay nada más que leer los títulos de sus relatos para intuir ya la singularidad de los mismos.

Su prosa es divertida, interesante y cotidiana y te puede parecer que estás leyendo de un tema concreto, cuando de repente el relato vira instantáneo y termina con algo muy diferente. Esa es la magia de Leo, su imprevisibilidad a la hora de abordar la evolución de un relato.

He podido compartir con Leo el Taller de escritura online Sanscliché, impartido por Rosario Raro y ha sido un verdadero placer comentar y disfrutar cada semana sus relatos.

Hace pocos meses, Leo publicó con Pilar Saborit el libro titulado Visión estrábica, con editorial ACEN que os recomiendo si queréis disfrutar de buenos y singulares relatos, y que muy pronto reseñaré en este mismo blog. Mis favoritos son: Avispada, avispada, no soy (me parece un título redondo, jaja), 20 centímetros o El extraño caso de las verduras voladoras.


A continuación comparto con todos vosotros, lectores, el relato titulado Más imaginación que Julio Verne, fresco, divertido y singular, como ella.


Y para que conozcáis un poquito más a su autora, una breve entrevista a continuación.

MÁS IMAGINACIÓN QUE JULIO VERNE

DIA 241. ATALAYA NORTE DEL PLANETA PD-1256
La misión ha fracasado. De los ocho científicos que partimos de la Tierra tan solo quedo yo. Hace diez días que murió Jackson, el último biólogo. Aún no entiendo cómo las sondas detectaron agua. Huyo del polvo tóxico que pronto me envolverá. Creo que esta será la última entrada de mi  bitácora. A lo lejos diviso un alienígena corriendo hacia mí, esto es el fin.
     ¡Tomás, haz el favor de tirarte por el tobogán que no veas la cola que has formado!

ENTREVISTA SINGULAR

1.- Si te dieran la posibilidad de publicar una novela con una gran editorial ¿sobre qué tema te gustaría escribirla?
De novela negra, casi seguro.

2.- Imagino que como buena escritora que eres serás también una gran lectora, ¿en qué momento del día te gusta más leer?
A cualquier hora del día. Aunque los días que puedo leer antes de la siesta, lo disfruto enormemente. Con la edad, me he vuelto más flexible, ahora leo varios libros a la vez, algo que antes nunca hacía, así que dependiendo de la hora, elijo uno u otro.

3.- He podido disfrutar de la gran originalidad de tus relatos, tanto en el taller de escritura online Sanscliché, como en tu libro Visión estrábica, publicado al alimón con Pilar Saborit que todavía no he reseñado pero que en breve lo haré al modo del comentario de los textos del taller de escritura. Cuando escribes, ¿qué temas o situaciones te inspiran? O sea, ¿Cómo te enfrentas al folio en blanco? ¿Nos puedes también comentar cómo ha sido tu experiencia de escribir un libro a cuatro manos?
Algunos temas que considero tienen miga los anoto para desarrollarlos más tarde. Muchas veces son noticias sorprendentes, de esas que dices “la realidad siempre supera la ficción”. Cuando estoy ante un folio en blanco siempre suspiro unas cuantas veces, igual que si fuera a emprender una gran carrera, luego me dejo fluir, con la tranquilidad de la futura revisión. Ya conoces a Pilar, es imposible aburrirse con ella, así que ha sido una experiencia muy positiva. Como éramos novatas, nuestros encuentros resultaban espontáneos y entrañables. Yo lo viví, y creo que ella también, con mucha ilusión. Nuestro pequeño experimento se gestó entre cervezas y confidencias.

4.- ¿Qué te acompaña cuando lees? ¿Y cuando escribes?
Tanto para leer como para escribir, me gusta la soledad total, ni música, ni ruidos y el teléfono bien lejos.

5.- Hoy en día el número de publicaciones es enorme. Hay tal marasmo de novelas, libros de escritores noveles y ediciones clásicas que es muy difícil filtrar y decidir qué es lo que leemos. En tu caso, ¿qué es lo primero en lo que te fijas para decidir leer un libro?
Tengo varias sagas de las que soy incondicional (Jo Nesbo, Ian Ranklin, Jussi Adler-Olsen) y la verdad es que leo todo lo que cae en mis manos, desde compañeros de escritura a profesionales consagrados. Solo pido entretenimiento, me conformo con poco.

6.- Vivimos en el mundo de la hiperconexión. ¿Utilizas las redes sociales? Cuáles son las que te parecen más interesantes y por qué.
Me di de alta en facebook después de viajar a Egipto, para compartir las fotos del grupo, allá por 2009. He continuado con ella pero me va a rachas, me resulta aburrido (y en ocasiones escalofriante) conocer qué hace cierta gente a todas horas, sus pensamientos, frustraciones y alegrías.

7.- ¿Eres escritora de día o de noche?
De día. Cuanto más pronto, más despejada. Luego me voy espesando y no sale nada que me parezca decente.

8.- Aparte de la literatura, ¿qué otras artes te gustan? Cuéntanos un poquito cuáles y por qué (si es que hay un porqué).
Me gusta el cine, aunque como con la lectura soy poco exigente. Me trago de todo. Cuando era más joven iba a muchos conciertos, ahora no tanto. Visitar pinacotecas de arte clásico es una afición que estoy adquiriendo y un pozo de inspiración para mis relatos.

9.- Te pido ahora unas respuestas rápidas

a) ¿Nos recomiendas un libro?
El nombre del viento de Patrick Rothfuss. Alta literatura fantástica.

b) Un personaje literario que sea inspirador para ti.
Ninguno, de verdad que no me sale nadie.

c)    ¿Qué género literario te apasiona más?
La novela policíaca.

d)   ¿Eres de radio o de televisión?
Radio, me acompaña más. Podría vivir perfectamente sin tele.

e) ¿Mar o montaña?
Mar, mar, mar.

f) La última cosa que te haya sorprendido tanto que todavía la recuerdes.
Que el chiste se convierta en realidad: la III Guerra Mundial podría tener lugar por malentendidos en los grupos de WhatsApp de madres del colegio.

g) Una canción o cantante que tenga para ti un significado singular.
Tengo todos los discos de Madonna y de Platero y tú.

10.- Para terminar, me gustaría que definieras una escena lo más cercana posible a tu felicidad.

       Son las ocho de la tarde y voy a preparar la cena para la familia. Mi marido está en la cocina, me besa y, tras decirme que cocina él, me sirve una copa de vino y me invita a que coma unos tacos de queso recién cortados.

jueves, 2 de noviembre de 2017

JOY DIVISION - el documental

Termino de ver este documental sobre la banda de Manchester, Joy Division. Lo hago pasado un tiempo de haber leído el libro escrito por la primera mujer de Ian Curtis (Touching from a distance, reseñado en este mismo blog) con el que se me cayó un mito.

https://loabsolutonoexiste.blogspot.com.tr/2014/08/touching-from-distance.html

El documental está construido con testimonios de los otros componentes del grupo, y de colaboradores como Rob Gretton, manager del grupo, Tony Wilson o Anton Corbjn, así como el diseñador de las portadas de los dos discos, Unknown pleasures y Closer y por supuesto de su novia Annik.

El director del documental ha sabido narrar con maestría el nacimiento, ascenso y explosión de éxito de la banda en una Manchester decadente, a través de cómo vivía cada otro de los miembros su relación con Ian Curtis, de cómo convivían con él y cómo lo sufrían en cierto modo.
Nos cuentan la brillantez de Ian, su talento innato, desconocido probablemente para él mismo, salvaje, sin elaborar pero que necesitaba ser catalizado y canalizado a la composición musical.

La genialidad de Peter Hook, Bernard Sumner y Stephen Morris es indudable como pudieron demostrar con New Order, grupo que vendió más de 20 millones de discos en dos décadas y que siguen siendo un referente de la música electrónica hoy en día, sin embargo no les importa reconocer que su talento era apenas una sombra insignificante frente al de Ian.

Me ha resultado muy interesante escucharles, confesar que no tenían ni idea de que lo que estaban publicando en aquellos últimos meses de la década de los 70 se iba a convertir en un clásico imperecedero. NO tenían esa conciencia de estar haciendo una obra maestra y lo más inteligente es que lo reconocen con humor, casi diría con una visión ácida de sí mismos.

Uno de los momentos más impactantes del documental es cuando el diseñador de la portada de Closer (Peter Saville, que ya había diseñado la de Unknown Pleasures a partir de la imagen del primer Pulsar descubierto), fue informado del suicidio de Ian Curtis, poco tiempo después de haber publicado el álbum, que tenía una tumba en la fotografía de portada. Realmente inquietante la fotografía seleccionada de Bernard Pierre Wolff de un detalle de la tumba de la familia Appieni. Y se lamenta en el documental de ello, de ser un autoanuncio de lo que iba a suceder.

Muy testimonial también la revelación por parte de Annik y de Peter Hook de que el grupo apenas daba importancia a las letras (algo que a mí me sucede también con la música que escucho, a la que valoro en un 90 % frente a un escaso 10 % de la letra) y que, una vez muerto Ian, volviendo a re escuchar las letras de Closer se dieran cuenta de lo deprimentes y tristes que eran.

La pérdida de Ian Curtis creó sin duda un mito y nos privó al resto de la humanidad de todas las obras maestras que sin duda podría haber compuesto, aunque como en muchos casos, genialidad compositiva no vaya acompañada de humanidad y decencia. El carácter de Ian, contado por su exmujer, era el de un ser difícil, a veces inaguantable y misógino y ello, unido a su epilepsia lo convertía sin duda en carne de mito de corta vida.

Voy a reescuchar Closer, voy a reestudiar sus letras, aunque sean deprimentes, la música oscura me gusta, como Faith de The Cure o como los álbumes de Bauhaus, y estoy seguro de que todavía me gustarán más Joy Division aunque Ian como tal, haya dejado de epatarme.

martes, 31 de octubre de 2017

ESCRITORES SINGULARES-23: GABRIELE CELLAI

Gabriele Cellai es un ESCRITOR SINGULAR. En sus relatos aborda temas históricos con precisión y documentación contrastada, situaciones inverosímiles a la par que divertidas o personificaciones de objetos y conceptos que obtienen la vida y protagonismo gracias al bolígrafo de Gabriele. Y toda esa variedad de temas y estilos lo convierten en un escritor ecléctico, preciso, y de lenguaje directo, que entretiene y sorprende a partes iguales.
He compartido durante un tiempo el Taller de escritura online Sanscliché, impartido por Rosario Raro y ha sido un verdadero placer comentar y disfrutar cada semana sus relatos.
A continuación comparto con todos vosotros, lectores, un relato tan sorprendente que os dejará una buena sonrisa y un recuerdo entrañable. Su título: Una violencia estructural. Estoy seguro de que os va a gustar.

Y para que conozcáis un poquito más a su autor, una breve entrevista a continuación.

UNA VIOLENCIA ESTRUCTURAL
Desde la muerte de mi abuelo no había vuelto a la casa que él tenía en el campo, siempre fue un lugar especial para mí. Allí pasé, durante la infancia, muchos veranos en compañía de mis primos. Nos divertíamos dando de comer a los animales de la granja y jugando al escondite en la bodega donde había unas barricas cuya madera olía a humedad. Mi abuelo nos rogaba que no tocáramos nada de aquel sitio. Consideraba el vino un elixir para vivir cien años por lo menos, una botella rota significaba perder un trocito de vida. Al entrar en la casa me di cuenta de que todo seguía igual excepto la puerta que daba a la cocina, había sido arrancada de la pared y yacía en el suelo. La chimenea del salón era completamente negra en su interior, mientras que fuera los ladrillos llevaban una capa de moho, las herramientas para el manejo del fuego habían desaparecido.Mi padre prefirió quedarse en el jardín, tantos recuerdos le estaban causando la vuelta a sus orígenes. Se sentó en un viejo banco que estaba hecho con unas traviesas de un antiguo ferrocarril y se puso a llorar. Salí de la casa y me acerqué a la puerta de la bodega. Mi padre me dijo entre sollozos que entrara y que mirara bien a lado del barril más grande. Entré con mucha curiosidad, caminé entre paredes llenas de grietas y llegué al lugar indicado. Una vieja sábana tapaba un artilugio de acero similar a una lata de berberechos. Mi padre me alcanzó y me explicó que aquella era una máquina para viajar en el tiempo, construida por mi abuelo. Me dijo que, cuando yo era pequeño, estaba escondida en el pajar debajo del heno y la sacaba solo para hacer sus experimentos, pero nunca la pudo poner en marcha. Decidí recoger el testigo de este desafío, durante varios meses trabajé duro para actualizar aquel objeto tan curioso y misterioso. Cambié el motor diseñado para ser utilizado con energía solar, por complicados chips de última generación, instalé un potente ordenador que cogí prestado, sin derecho a devolución, en mi lugar de trabajo, el Área 51. Finalmente me aseguré de que la estructura no tuviera ningún daño, el viaje al pasado debía ser de ida y vuelta. Cuando estuve seguro de que todo iba a funcionar a la perfección, pensé que el primer destino tendría que ser algún lugar especial, algo tipo París durante la revolución o la Florencia de los Médici, pero se me ocurrió una idea mejor. En el ordenador de a bordo tecleé la fecha 1932, mes de mayo, lugar Japón: apreté el botón y en un momento me encontré al otro lado del mundo, en el País del Sol Naciente. Era casi la hora de la cena, el Señor Ono estaba paseando por un parque pensando en la propuesta que le hizo su mujer el día anterior: tener un hijo. Creía que no era el momento adecuado, prefería esperar, pero su esposa ya le había dicho que no en varias ocasiones y esta vez no podía echarse atrás. Me escondí detrás de un gran árbol, me sentía como un lobo que espera hambriento a una pobre oveja. Cuando pasó delante de mí, le cogí por el cuello. El japonés intentó defenderse agarrándome los brazos pero no tuvo suficiente fuerza para soltarse. Dejé que se diera la vuelta y le pegué un puñetazo en la cara, acto seguido le di una patada en el estómago. Él estaba arrodillado, levantó la cabeza y me miró con la cara ensangrentada. La verdad es que me dio mucha pena verle en aquel estado aunque no me arrepentía de nada de lo que había hecho. Le dije que lo sentía mucho y añadí que mi gesto iba a hacer felices a varias generaciones futuras. El Señor Ono aquella noche no mantuvo relaciones con su mujer: Yoko Ono no nacerá, nadie podrá dividir los Beatles. Misión cumplida.

ENTREVISTA SINGULAR

1.- Si te dieran la posibilidad de publicar una novela con una gran editorial ¿sobre qué tema te gustaría escribirla? Por cierto, ¿te vas a lanzar a la aventura de publicar relatos o novela? ¿Tienes algún proyecto en mente?
Me gustaría escribir una novela sobre la historia de dos hermanos, para mí que soy hijo único sería un gran reto. Este año me he vuelto a apuntar al curso de escritura creativa on-line que imparte Rosario Raro, el año pasado tuve que abandonarlo enseguida por tema de salud. Volveré a escribir relatos, pero con la mirada puesta en la novela que antes o después escribiré. El proyecto que tengo en mente es lo que comentaba antes, una novela sobre dos hermanos que trascurrirá en Italia.

2.- Imagino que como buen escritor que eres serás también un gran lector, ¿en qué momento del día te gusta más leer?
Siempre que tenga un momento de tranquilidad, da igual que sea de día o de noche. Pero necesito silencio, no puedo leer si hay mucho ruido a mi alrededor, no me concentro.

3.- He podido disfrutar de la gran originalidad de tus relatos, en varias ediciones del taller de escritura online Sanscliché impartido por Rosario Raro. Cuando escribes, ¿qué temas o situaciones te inspiran? O sea, ¿Cómo te enfrentas al folio en blanco?
Intento pensar primero en la historia que quiero contar, a partir de ahí dejo que la imaginación fluya, a veces lo consigo, a veces no. Menos la literatura romántica me gusta de todo, no me veo escribiendo un relato de amor.

4.- ¿Qué te acompaña cuando lees? ¿Y cuando escribes?
Cuando leo y cuando escribo necesito silencio, me ayuda a concentrarme en lo que quiero contar o leer. Me han aconsejado poner música de fondo para crear un ambiente diferente pero no lo he probado. La verdad es que me he acostumbrado al silencio y cambiar método no me convence.

5.- Hoy en día el número de publicaciones es enorme. Hay tal marasmo de novelas, libros de escritores noveles y ediciones clásicas que es muy difícil filtrar y decidir qué es lo que leemos. En tu caso, ¿qué es lo primero en lo que te fijas para decidir leer un libro?
Me fijo en el género, me encanta la novela negra, y en la sinopsis. No suelo fijarme en el escritor, me da igual si es famoso o no. A veces es muy interesante descubrir a escritores noveles.

6.- Vivimos en el mundo de la hiperconexión. ¿Utilizas las redes sociales? Cuáles son las que te parecen más interesantes y por qué.
La red social que más me gusta y que más utilizo es Twitter porque me da la posibilidad de estar conectado en tiempo real con el mundo. Utilizo también Facebook pero empiezo a encontrarlo aburrido, quizá necesite un lavado de cara.

7.- ¿Eres escritor de día o de noche?
Sin duda de día, no suelo dormir muchas horas, faltaría solo que dedicara unas pocas a la escritura... De todas formas, no descarto probar a escribir de noche, si eso durante un fin de semana largo o en las vacaciones.

8.- Aparte de la literatura, ¿qué otras artes te gustan? Cuéntanos un poquito cuáles y por qué (si es que hay un porqué).
Me gusta muchísimo la música. Me acuerdo que cuando era pequeño mi madre ponía siempre la radio en mi habitación, pero no me hacía escuchar música para niños, escuchaba las emisoras que gustaban a ella. Como toscano que soy, me gusta también la pintura y la escultura, especialmente las obras de artistas de mi tierra como Leonardo, Michelangelo o Botticelli.

9.- Te pido ahora unas respuestas rápidas

a) ¿Nos recomiendas un libro?
Tu eres el mal de Roberto Costantini
b) Un personaje literario que sea inspirador para ti.
Lisbeth Salander
c) ¿Qué género literario te apasiona más?
La novela negra
d) ¿Eres de radio o de televisión? 
De radio, de hecho colaboro en un programa de futbol internacional que se emite los lunes de 14:00 a 15:00 en Radio Vox Uji
e) ¿Mar o montaña?  
Montaña
f) La última cosa que te haya sorprendido tanto que todavía la recuerdes.
Me sorprendí mucho cocinando una tortilla de patatas, me salió muy buena.
g) Una canción o cantante que tenga para ti un significado singular.
The show must go on (Queen)
10.- Para terminar, me gustaría que definieras una escena lo más cercana posible a tu felicidad.
Tomar una copa de vino Chianti en mi Toscana querida junto a mi mujer, ver la sonrisa de mis hijos todos los días.

11.- Pregunta extra: ¿Nos puedes recomendar un escritor/a italiano y un libro?

El escritor italiano que mas me gusta es Roberto Costantini, os recomiendo su Trilogía del mal, es un retrato perfecto de Italia desde el fin de la segunda guerra mundial hasta hoy.

domingo, 29 de octubre de 2017

AMOR DE MADRE

Lágrimas de nostalgia me acompañan en esta noche quieta e infinita de hospital. Son ésas que surgen en los momentos de dificultad, cuando la enfermedad de un ser querido atenaza el alma y comprime la esperanza de ahuyentar la enfermedad, cruel e inmisericorde. Y descienden constantes, recordándome todos los momentos en que hurté unos minutos a su compañía, las veces que le di una mala contestación, incomprensivo con el diálogo repetitivo pero habitual en alguien de su edad.

La soledad de la habitación y el silencio de sus rincones me hacen ver el pasado perdido, la riqueza de matices y sentimientos olvidados por haber elegido placeres más mundanos y sin duda mucho más superficiales.

Y siento la tristeza por ese tiempo que pude haber disfrutado con ella, del que hubiese aprendido, sin duda, experiencias de la vida real, la vivida y la sufrida, de su esfuerzo por darme a mí la vida.

Sí, noto discurrir lágrimas hasta mi boca, cargadas de culpabilidad y desasosiego. Su sabor es intenso, repleto de anhelo por recuperar ese tiempo de vida compartida, por escuchar de nuevo esa anécdota narrada cientos de veces pero siempre con la misma intensidad y entusiasmo, como si la contase por primera vez.


Y es entonces, en la quietud de la noche, al escuchar su respiración calmada, cuando me doy cuenta de que eso es lo que le faltaba a mi vida. Eso que andaba buscando, en rincones equivocados, en esquinas erróneas, lo tenía al alcance de mi mano. Su mano suave, envejecida por la enfermedad y las dificultades de la vida en el campo, transmitiéndome su amor de madre, incluso en aquel indigno estado al que se llega cuando la enfermedad agota al ser humano. 

Y descubro, al fin, que ese suave roce, esa caricia mundana, es la mayor fuente de energía que jamás podré recibir y decido en un instante solventar mis errores, disfrutar cada segundo que pueda y cada abrazo que a partir de ese instante, le daré a mi madre querida, desde ahora, desde este mismo instante cuando mi amor por ella ha eclosionado en mi corazón e irradia con fuerza para que ella se recupere lo antes posible.

jueves, 26 de octubre de 2017

ANDY WARHOL - EL ARTE MECÁNICO



Tras mi visita a la exposición de Caixaforum: Andy Warhol - El arte mecánico, quiero compartir el relato que escribí sobre una de sus colaboraciones cinematográficas con Paul Morrissey y Joe D'Alessandro (ambos salen también en mi novela ¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?), titulado:

Trash

El impacto fue descomunal. Un adolescente como yo con apenas dieciocho años cumplidos y recién aterrizado en la cultura underground quedó epatado por la experimentación, hiperrealismo y autodestrucción de las películas de Paul Morrissey.
La primera que miré fue Trash, en la filmoteca universitaria, ya que semejante engendro jamás habría sido estrenado en un cine comercial de provincias.
Tres hechos confluyeron en aquel estallido emocional: El primero, descubrir a un sex symbol atemporal para ambos géneros como es Joe D’Alessandro y experimentar cómo sus desnudos frontales aparecían de forma natural en la narración de la película, formando parte de la escena en que ocurría sin más. Su descubrimiento supuso la apertura de un recoveco de mi personalidad que hasta ese momento había permanecido encerrado en estado latente.
El segundo, poder disfrutar de la versión original y ser capaz de captar el contenido y la narración lo suficiente como para introducirme en ella.
El tercero y, desde luego, más importante, saborear ambas cosas con mi chica, quien me acompañó a regañadientes a semejante aventura.
Llevábamos tres meses saliendo de forma irregular. Estábamos en esa fase en la que la curiosidad por conocer cosas de la otra persona y por querer gustarle es superior a cualquier inseguridad o miedo. Alguna que otra cena en restaurantes de dudoso romanticismo, un par de borracheras cerveceras en el casco viejo que nos habían ayudado a enrollarnos a saco allí donde el cuerpo nos pedía y un pequeño regalito aquí y allí como coquetería y pequeño gesto de buena educación.
No se podía decir que estuviéramos ya enamorados, al menos por mi parte, aunque si me pongo a recordar esa época debo reconocer que ella aparecía ya en mis pensamientos a lo largo del día más tiempo del que podía hacerlo cualquier otra amiga.
Comenzaba a sentir ese nosequé que se siente cuando te apetece compartir cualquier pequeña cosa con la otra persona y, al no estar contigo, dedicas toda tu creatividad a pensar una forma de quedar con ella lo antes posible contando los segundos con fruición.
El escenario no era el más glamuroso, ni los asistentes tampoco. Era cine de autor, minoritario, desconocido para nosotros y en versión original, así que poblábamos el lugar apenas diez personas.
Sin embargo, o quizás precisamente por ello, las imágenes impactaron en mi pensamiento de forma brutal. La narración mostraba a Joe buscándose la vida en las calles de Nueva York, intentando conseguir algo de pasta para comprar heroína que posteriormente compartía y se inyectaba hasta quedar extenuado. Sí, los primeros setenta eran todavía la época fatídica de la heroína y las sobredosis.
Los personajes, masculinos-femeninos y transexuales de dudosa credibilidad mostraban comportamientos extremos, rozando el perfil de la locura consciente. Su actuación llegaba a un punto casi inverosímil. Tal brutalidad en la forma de hablar, maldecir y gesticular se contraponía a la dulzura y candor del propio Joe en su forma de interpretar que, unidos a su exacerbada sensualidad te mantenía extasiado con sus contrastes.
Nunca antes el cine convencional había mostrado algo así. O si lo había hecho inmediatamente había sido reclasificado a los canales porno.
Yo ya sabía a esa edad que iba a ser un hombre de gustos no convencionales, que sería amante de lo diverso, lo antitético y que construiría mi vida circulando por la frontera de la relatividad.
Aquella tarde ardió la chispa que originaría una posterior avalancha de creatividad y multidisciplinaridad. Paul Morrissey y Joe D’alessandro me llevaron a Warhol y el transexualismo, a los ambientes sórdidos del bajo Manhattan, al punk y finalmente al arte abstracto. A ello se unió posteriormente la música siniestra y la literatura costumbrista. Todo ello barnizado con una fina capa de educación británica, gusto por las buenas costumbres y la tradición clásica.
Huelga decir que a mi chica no le gustó la película. Es más, fui duramente criticado por haberla llevado a ver tal bodrio en inglés. Aunque fue una primera batalla perdida en mi personal conquista de su corazón, me ayudó a adaptar mis tácticas a su personalidad.
Debo reconocer, cuando ahora vuelvo a mirar la película y la anterior (Flesh) y posterior (Heat) de la trilogía que Warhol produjo a Paul Morrissey que es, de cierto punto, infumable. Al menos narrativa y contextualmente hablando. Pero verla a finales de los ochenta supuso un revulsivo, una chispa generadora de una llama expansiva que abrió mi mente, mi creatividad y mi forma de entender la vida gracias al pensamiento relativo.