lunes, 16 de mayo de 2016

El catalizador de la traición

Julia se detuvo en el punto central del Puente de Hierro. Miró el caudal desbocado que descendía por el cauce del río Ebro y pensó que era el lugar idóneo. Las fuertes nevadas de aquel invierno y su posterior deshielo habían originado inundaciones en todo el valle. A su paso por Zaragoza el nivel había sobrepasado las dos riberas del río. Julia pasó las piernas por encima de la barandilla y se agarró con las manos por detrás de su espalda. No había vuelta atrás. Respiró profundamente, cerró los ojos y se soltó. Justo en el instante en que perdía pie, un brazo la asió por la cintura, evitando su suicidio.
Todo comenzó dos años antes de este trágico episodio. Julia trabajaba en el departamento de química orgánica de la universidad de Zaragoza en un proyecto que dependía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Siguiendo una de las directrices del programa marco de la Unión Europea, el grupo de investigación que había formado desarrollaba un proyecto para el desarrollo de un nuevo catalizador que permitiese la transformación del dióxido de carbono (gas contaminante generado por las chimeneas, calefacciones y tubos de escape) en productos orgánicos aptos para el uso industrial. Es decir, se trataba de transformar un desecho contaminante en materia prima para la industria.
En concreto Julia y su equipo habían desarrollado un catalizador, es decir la sustancia que acelera las reacciones químicas sin alterar su composición. Estaba basado en un complejo de iridio estable al aire que convertía de forma selectiva el dióxido de carbono en compuestos de ácido fórmico y silicio, que eran útiles para la agricultura, la tecnología de los alimentos y en general para la síntesis orgánica.
El catalizador estaba ya completado y su fórmula, custodiada en un archivo de seguridad con clave encriptada, era accesible únicamente para Julia y sus dos colaboradores de confianza, Pilar y Jorge. En la elaboración del informe final, firmaría ella como investigadora única y los nombres de sus colaboradores no aparecerían de forma explícita, como se había establecido desde el principio. Su presentación en la sociedad científica supondría una gran revolución pues las implicaciones económicas que tendría su desarrollo posterior en la industria serían de dimensiones estratosféricas.
Junto con el informe se presentaría la patente de síntesis del compuesto, que lo protegería en toda Europa, Estados Unidos y Japón.
Habían sido meses de trabajo duro. Los tres compañeros habían dedicado el cien por cien de su tiempo al proyecto. Sus vidas personales habían quedado en un segundo plano, algo que, en el caso de Julia, había menoscabado su matrimonio. Su marido Joel, escritor de novela negra, se había sentido abandonado, ya que ella dedicaba todo el tiempo de trabajo a su proyecto y también el de ocio y vida familiar a su proyecto. Ya no hacían vida social. Nunca salían a cenar y apenas veían a sus respectivas familias. Joel se lo reprochó varias veces, sobre todo en la etapa final, cuando la soledad consumió su paciencia. Pero ella siempre le contestaba lo mismo: aquella investigación podía representar el proyecto de su vida y aquel era el momento en que ella debía sacrificarse para sacarlo adelante, a cualquier precio.
La relación llegó a ser tan distante en los últimos meses que ni siquiera conversaban. Se contestaban con monosílabos cuando no por WhatsApp, a pesar de que vivían en la misma casa y compartían la misma cama.
La rutina de trabajo hizo que ya no se diferenciaran los límites entre la vida laboral y familiar. Un fin de semana, cuando estaban a punto de finalizar el diseño de la síntesis, Julia convocó en su casa a sus dos colaboradores para darle un último impulso. Pilar y Jorge se instalaron en su apartamento y Joel se encargó del avituallamiento. Les cocinó y ofreció bebidas y café y estuvo muy solícito en todo momento. Aunque ya los conocía desde hacía tiempo, nunca habían coincidido más de cinco minutos por lo que compartir aquel fin de semana con ellos resultó novedoso para él.
Joel los observaba en sus discusiones, cómo Pilar sacaba convencida su carácter y opiniones y cómo Julia las menospreciaba. En ocasiones incluso le recriminaba que debía seguir las instrucciones que ella le indicaba y que dejara de pensar tanto. Con mala cara y, sobre todo, con malos modos, se mostraba arrogante. Jorge parecía de carácter más calmado y, en general, ratificaba las opiniones de Julia.
Aquella reunión se repitió durante los siguientes fines de semana de forma ininterrumpida. Jorge y Julia se encargaban de la redacción y maquetación de los resultados pues Pilar era la especialista en química orgánica que se encargaba de los ensayos y aunque tenía una mente privilegiada para el razonamiento empírico, no era capaz de redactar con orden y claridad y además su labor se veía siempre criticada y menospreciada por Julia.
Durante las sobremesas, ellos dedicaban un par de horas a ese cometido y Pilar charlaba con Joel en la otra sala. Ello les llevó a conocerse mejor. Se dio cuenta de que Pilar tenía cierta envidia por el hecho de que Julia iba a ser la única firmante de la patente cuando en realidad la habían desarrollado entre los tres. Aunque no mostraba enfado, Joel podía intuir que sentía una ira contenida, y pensó que algún día explotaría. Las conversaciones entre ellos llegaron al terreno personal y descubrieron que tenían mucho más en común de lo que imaginaban. Joel llevaba meses ignorado por su mujer, con la que apenas hablaba y aunque había intentado que ella cambiase y le dedicase algún tiempo, no lo había conseguido.
Un sábado, Julia y Jorge tuvieron que acudir por la mañana a la facultad, pues debían presentar un informe previo al rectorado y cada uno iba a explicar una parte del mismo. Pilar y Joel se quedaron en el apartamento y decidieron preparar la comida mientras esperaban que regresasen. Junio había llegado caluroso a Zaragoza y Joel decidió darse una ducha mientras Pilar preparaba el ternasco al horno. Cuando salió del cuarto de baño con la toalla en la cintura, se dio cuenta de que Pilar le estaba observando desde la puerta de la cocina con una copa de vino en la mano derecha y otra que le ofrecía con un gesto en la izquierda.
Se quedó un poco sorprendido pero no le dio más importancia. Se acercó y le cogió la copa para brindar por el futuro catalizador. Pilar hizo una mueca de desagrado y le replicó que mejor brindar por algo más cercano, por ejemplo, por ellos dos, que estaban allí juntos, con un calor endemoniado. Brindaron y justo antes de tomar el sorbo del Somontano, Pilar le dio un beso.
Joel se puso tenso. No sabía cómo interpretar aquello que no había previsto en ningún momento. Pilar no se arredró. Como él se había quedado paralizado, lo agarró por la cintura, se acercó a su cuerpo y le besó con intensidad. En ese momento, ya sí que no pudo parar. Él dejó su copa en la repisa y abrazó a Pilar ofreciéndole un beso profundo y húmedo.
La erección hizo que la toalla se le cayese, y fueron hasta el dormitorio. Aquella fue la primera vez que Joel engañó a Julia. La primera de otras muchas que vinieron después y que conformaron una relación entre Joel y Pilar.
Las reuniones de fin de semana fueron, desde aquella primera ocasión, diferentes. El juego de miradas y comentarios cambió y ellos supieron y pudieron ocultar su relación a los otros dos sin mucha dificultad.
Pensaron que había que hacer algo. Pilar no quería que Julia se llevase todo el mérito y Joel consideraba que parte de la fortuna que Julia recibiría por la patente le correspondía también a él. Y tal cual lo fueron pensando primero y comentando con miedo entre ellos después, hasta que aquellas insinuaciones y quejas se convirtieron en un estudiado y calculado plan que urdieron entre ambos, sin que Pilar ni Jorge sospechasen nada.
Pilar tenía contactos con otro grupo de investigadores en Estados Unidos con los que había colaborado de forma puntual en ocasiones anteriores. A pesar de disponer de muchos más fondos, iban varios meses por detrás del grupo de Julia. Ser el primero en presentar un descubrimiento en el mundo de la química es vital para conseguir una patente fuerte e inquebrantable por lo que disponer de información relevante les hubiera ayudado a adelantar mucho. Pilar facilitaría la información sobre el proceso de síntesis a este grupo americano a cambio de una cuantiosa suma de dinero en un paraíso fiscal y un puesto de investigadora en Boston, donde Joel estaría encantado de mudarse a vivir con ella.
Solo quedaba un mes para la finalización del proyecto por lo que debían darse prisa. Pilar contactó con ellos, les expuso su propuesta y todo se llevó a cabo con una celeridad pasmosa. El centro de investigación estadounidense disponía de recursos económicos muy superiores al de Zaragoza y con la información recibida de Pilar consiguieron tener el catalizador listo en dos semanas. Lo presentaron en la prestigiosa revista especializada Angewandte Chemie y registraron la patente ante la oficina de patentes y marcas de la Unión Europea en Munich.
El anuncio supuso una revolución en el mundo de la industria química por las implicaciones económicas que tenía y por el hecho de que, una vez más, supusiera un triunfo de la investigación norteamericana frente a la europea.
Cuando Julia recibió la llamada del rectorado para comunicarle la noticia, se quedó vacía. Nunca imaginó que algo así fuera a ocurrir, pues estaba convencida de que su proyecto era líder en todo momento. Aquello la sumió en una profunda depresión, lastrada por la brecha que se había abierto en su matrimonio. Joel decidió separarse al poco de la noticia pero mantuvo en secreto su relación con Pilar que únicamente hizo pública cuando ya estuvieron instalados en Boston, varios meses después. Julia se dio cuenta de que estaba anémica de sentimiento. Su vida familiar era inexistente. Sus relaciones sociales se habían disuelto por completo y, el único vínculo que le quedaba con el mundo real, que era Joel, se había desvanecido también.
Nunca supo nadie que Pilar y Joel habían traicionado el proyecto. El éxito del equipo americano se tomó en la comunidad científica como natural, al disponer de muchos más recursos que el de Zaragoza.
El CSIC decidió entonces denegar más recursos económicos al proyecto, ya que el catalizador había sido ya desarrollado y la patente homologada, por lo que carecía de sentido continuar invirtiendo en ello, y los tres compañeros se quedaron sin perspectiva laboral. Pilar abandonó la universidad y se marchó a vivir a Boston, pues había conseguido un puesto de investigadora allí, algo que sus dos compañeros entendieron y aceptaron. Jorge continuó en la universidad y se mantuvo cerca de Julia, apoyándola y dándole ánimos. Él fue la única voz que la reconfortaba. Quiso hacerle ver que todo su esfuerzo no había sido en balde y que el rectorado lo valoraría de todos modos. Pero ella no le escuchaba. Él insistía en que tenía que animarse y le propuso buscar otro proyecto en el que comenzar de nuevo juntos. Así pasaron seis meses aciagos en los que Julia tenía cada vez menos ganas de vivir.
Para acrecentar su desazón, la última noche de abril, Joel la telefoneó desde Boston. Le dijo que no quería herirla, pero quería ser honesto y contarle la verdad en lo concerniente a su relación con Pilar. Julia no podía creer lo que escuchó. Se sintió sin fuerzas. Hundida por la depresión, sin vida personal y sin ambición profesional decidió que no tenía sentido continuar viviendo.
Aquella misma noche lo dispuso todo. Escribió una carta de despedida para sus padres que dejó encima de su cama y luego llamó a Jorge, a quien le dio las gracias por su apoyo en todo momento. Después salió de casa y se dirigió al Puente de Hierro. Era una noche desapacible. El cierzo soplaba con fuerza y el caudal bajaba abundante por el Ebro, incluso violento en algunos tramos. Se paró en el punto central del puente y se dispuso a saltar.

Pero Jorge se había quedado preocupado tras recibir la llamada de Julia, porque le sonó a despedida y se temió lo peor. Salió disparado hacia su casa y llegó a tiempo de ver desde allí cómo entraba en el puente. Corrió cuanto pudo pidiendo al cielo llegar a tiempo y, exhausto, consiguió sujetarla por la cintura, llevarla hacia sí y darle el beso que tanto tiempo había deseado.

lunes, 9 de mayo de 2016

La mirada eterna

La figura esbelta, de afilada punta, geometría cónica que jamás muta. Su delgadez rectilínea alberga una fina herramienta. El artista siente la sedosa capa de su superficie irisada, que lo acompaña en la tarea de comenzar su obra. Piel con piel, humana con madera. Se establece un vínculo de extraña naturaleza. La caricia genera movimientos precisos, giros y líneas rectas que conforman la estructura de la durmiente estampa. Todavía sueña, todavía evoca la imaginación dispersa. Pero sigue su andadura, traza y une áreas y curvas, y consigue finalizar una instantánea perfecta.

La pulcritud virginal de la lámina, sin sombras ni puntos que desfiguren su brillante pátina, queda rota y satisfecha. Los grises acompañan con distinta intensidad y el negro, rotundo, se apodera del filo de la imagen y la separa del albo fondo, donde descansará eterna.

El artista transforma su excitación en calma, pues observa con orgullo la rotundidad de su obra Respira, sosiega, y en un instante destila su creatividad certera. La ilustración refleja la imagen de una bella y singular doncella. De sonrisa leve, y de larga melena cuya timidez impide mirar afuera. No es capaz de contemplar a su hacedor. Así ha sido la voluntad que la ha retratado con timidez y pena.


Pero el pintor precisa contemplar su mirada eterna. Y decide ofrecerle un espejo, una estrella. Lo diseña oval, cual cuento de cenicienta. Y así, al fin, sus miradas se cruzan, intensas, lentas. La doncella destila dignidad y decencia. Lo mira altiva, sin miedo, expuesta. Y él cae rendido en tal perspectiva, fulminado por la pena. Y por saber que jamás podrá encontrar una mujer como ella.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Secret confession

Lucía felt terrified. Since she listened to the news in Julia Otero’s radio program, she was unable to sleep tight. She did not dare to tell anybody and even less to her husband. Now her worries were even bigger, since she just had received an official police notification to go to testify in the court.
The truth would see the light and her marriage would be destroyed. And all because of a madness... A passion that she could not control and to which she fell without listening to her own voice that alarmed her conscience and reproached every night. It seemed to her that everything was finished.
She met Miguel in a painting course. One day he appeared and sat down in the table beside her. He introduced himself, behaved gallantly and educated. He showed her his smile that enhanced his racial beauty.  He used his conquistador weapons, a good conversation, his soft voice tone that transported her far away from her stress and the routine that her life kept running.
The painting classes went on and the teacher taught different techniques: charcoal, marker pens, and pastel and oil colours. The teacher proposed the students to work in pairs. Each one should draw and paint a portrait of his colleague. That closed the relationship between Lucía and him. The detailed contemplation of each other’s body generated sensuality doses that Miguel distillated with majesty.
Lucía arrived home late every night and she could not stop remembering him. When she made love with her husband, she realized, feeling guilty, that she was, indeed, looking at Miguel’s face. Her marriage wasn´t, nevertheless, that bad. She married five years ago but the routine installed in their lives, especially during the rare nights in which they had boring sex.
That was one of the reasons, perhaps the fact that she was new in the forties too or may be because her hormones revolutionized her sexual desire, she surrendered to his charm.
With Miguel, she returned to pinch the edge of the multiple orgasm and the hyperbolic sensations of pleasure experienced unreached limits till then.
One Saturday afternoon, Miguel arrived very nervous to the hotel in which they loved each other. She asked him what was all about but he immediately changed the topic and demanded her to not worry, since it was related to his job.
They touched the same lust level as every time and therefore she didn’t take any care.
He repeated that behavior a couple of times later, but it was dispatched with the same arguments and comments.

But the previous week to the police notification, she was listening to the program Julia en la Onda, of Onda Cero radio, when the reporter Luis Rendueles narrated in the section called “Black territory” the detention of an abuser that same morning accused of having killed his girlfriend by forty five knife-wounds.
Lucia was just shocked. She thought of the poor girlfriend, how she would have suffered and if she would have sons. Instantly she hated and put down that animal who had terminated with the woman’s life and prayed for the justice to be fair.
She kept listening to the new, in which Rendueles, the reporter, gave many more details about the killer: the street where he lived, what was his dedication, and many other tips about him. There was specially one who paralyzed Lucía: The killer assisted regularly to paining classes.
She googled the new and after several digital newspapers, she had to accept the evidence. The killer was his lover, Miguel and, apparently he gave death to that lady the same day that he was with her in their love hotel.
She could hardly believe it.  He was charm, creative, sensitive and peaceful. And overall, he took her to ecstasy every weekend. How could that person be possibly the same one she loved?
Since she knew those facts, she could not even sleep. And so was sure, by reading the police notification, that she would have to testify because he had possibly given her name and the fact that he was with her as the alibi to his accusation.
Such a bad fortune! To be in the wrong place at the inappropriate moment, without knowing it by anybody else except themselves. She would not escape the declaration in the court and, because of that, she should tell the whole truth, what would place her in a difficult situation in front of his husband.

Lucia prepared herself to cry and decided that soon as her husband would returned home, she would tell him a very long story.

viernes, 29 de abril de 2016

Secreto de confesión

Lucía estaba aterrada. Desde que se enteró de la noticia en el programa de Julia Otero, no había podido dormir tranquila. No se atrevía a contárselo a nadie y mucho menos a su marido. Ahora su preocupación era aun mayor, ya que acababa de recibir una notificación de la policía para que fuese a declarar en un juicio.
La verdad iba a salir a la luz y su matrimonio se iría al traste. Todo por una locura. Una pasión desbordante que no supo canalizar y a la que se entregó llevando la contraria a la voz de alarma que le reprochaba en la conciencia cada noche. Le pareció que todo había terminado.
Conoció a Miguel en una de las clases de pintura a las que acudía. Un buen día apareció y se sentó en la mesa de al lado. Se presentó, galante y educado. Le ofreció una sonrisa que acrecentó su belleza racial. Le proporcionó enseguida un alto nivel de confianza, utilizando sus armas de conquistador. Practicaba buena conversación y su tono de voz transportaba a Lucía fuera del stress y la rutina que su vida diaria le procuraban.
Las clases avanzaron y el profesor impartió diversas técnicas: carboncillo, rotuladores, colores pastel y finalmente óleo. Propuso que trabajasen por parejas, y cada uno de ellos interpretase un retrato del compañero. Aquello produjo un mayor acercamiento entre ellos pues la observación detallista de su cuerpo generó dosis de sensualidad que Miguel destiló con maestría.
Llegaba a casa por las noches y no podía dejar de pensar en él. Cuando hacía el amor con su marido, inconsciente y a la vez culpable, se daba cuenta de que le estaba poniendo la cara de Miguel. Su matrimonio no funcionaba mal, llevaban cinco años casados pero la rutina se había quedado a vivir con ellos, en especial durante las esporádicas noches de sexo previsible.
Por eso, porque ella terminaba de entrar en los cuarenta, o quizá porque sus hormonas revolucionaron su lívido, se rindió a sus encantos.
Con él volvió a pellizcar las lindes del orgasmo múltiple y las sensaciones hiperbólicas de sus centros de placer experimentaron límites inalcanzados hasta entonces.
Un sábado por la tarde, Miguel llegó muy alterado al hotel en el que mantenían sus encuentros. Le preguntó qué le había sucedido pero él enseguida le quitó hierro al asunto y le pidió que no se preocupase argumentando que eran temas de su trabajo. Como la sesión de lujuria estuvo al nivel que siempre le ofrecía, Lucía no se preocupó más.
Aquel comportamiento se repitió en varias ocasiones más, pero siempre fue despachado con los mismos argumentos.
Pero la semana anterior a la citación policial, escuchaba el programa Julia en la onda de Onda cero, cuando en el Territorio Negro, Luis Rendueles narraba la detención de un maltratador esa misma mañana por haber dado muerte a su pareja ensañándose al atestarle cuarenta y cinco puñaladas. Lucía quedó espantada. Pensó en la pobre señora, cómo habría sufrido y si tendría hijos que habría dejado huérfanos. Asimismo, despreció a aquel animal que había terminado con la vida de la mujer y rogó que la justicia le diese su merecido. Continuó escuchando la noticia, en la que Rendueles, el investigador, dio muchos más datos sobre el asesino: la calle donde vivía, a qué se dedicaba, y otros muchos detalles entre los que le llamó la atención uno que la dejó paralizada. El susodicho asistía regularmente a clases de pintura.
Comenzó a buscar en internet más información sobre la noticia y tras ojear varios confidenciales tuvo que asimilar la evidencia. El detenido era su amante Miguel, quien dio muerte a su pareja el mismo día que había estado con ella en el hotel habitual.
No podía dar crédito. Él era encantador, creativo, sensible y pacífico. Y sobre todo, la llevaba al éxtasis cada fin de semana. ¿Cómo podía ser la misma persona que había perpetrado aquella atrocidad?
Desde que conoció los hechos no pudo dormir. Cuando recibió la notificación policial una semana después fue consciente de que la llamaban a declarar porque él debió dar como coartada que se encontraba a esa hora en un hotel con una tal Lucía, y que por tanto era imposible que él fuese el asesino.
¡Qué mala fortuna! Estar en el lugar inadecuado en el momento inapropiado sin que nadie, salvo ella y él lo supiesen. No podría evitar ir a declarar y, por ello, debería contar toda la verdad, lo que la colocaría en una situación insostenible.


Se preparó para llorar y decidió que en cuanto llegase su marido del trabajo, le contaría una larga historia.

miércoles, 13 de abril de 2016

El ángel exterminador

Marcos se quedó paralizado al llegar al escaparate de la librería Enigma. Acudía allí cada sábado, curioseaba un rato por las distintas secciones y terminaba en la de misterio, su favorita, para ver si había alguna novedad interesante.
Aquella mañana lo que vio le sobrecogió. La estantería principal estaba sembrada con decenas de portadas de un libro azul turquesa, que mostraban un dragón plateado, esta fue la imagen que realmente le paralizó. Leyó su título: El ángel exterminador.
Su infancia fue triste. Al poco tiempo de cumplir su primer año, sus padres y su hermano gemelo murieron en un accidente de coche. Por algún motivo él sobrevivió pero como sus abuelos habían fallecido y sus tíos no pudieron hacerse cargo de él,  Marcos fue llevado a un orfanato donde vivió hasta que lo adoptaron cuando cumplió once años.
Durante los años en el hospicio tuvo un sueño recurrente. En él, una voz protectora le contaba un cuento terrible y bonito a la vez. Trataba de un ángel con cuerpo de dragón plateado que vivía en una isla muy lejana. Poseía un enorme poder destructor que solo podía ser aplacado entregándole un infante que no hubiese superado el tercer año de vida. Cada solsticio, los pobladores de la isla le ofrecían un niño a quien el dragón devoraba. De esta forma calmaba su ira y retornaba a su hibernación. Poco a poco los niños desaparecieron de la isla, hasta que solo quedó uno. Cuando llegó el momento de entregarlo, sus padres se negaron a aceptar el sacrificio y se escondieron con él en la cueva sagrada que permanecía cerrada desde hacía siglos, pues la leyenda contaba que quien entraba allí nunca jamás regresaba. El dragón montó en cólera y amenazó con destruir por completo la isla. En su escondite, los padres, muy asustados, encontraron un pasadizo que los condujo hasta una caverna en la que encontraron los restos de un templo, y un pedestal con un libro de título: El ángel exterminador. En él se explicaba el ritual que había que llevar a cabo para calmar la ira del dragón plateado sin tener que entregarle ningún infante. El padre lo leyó de principio a fin y aprendió las palabras sagradas que esa misma noche recitó, consiguiendo que el dragón hibernase por siempre y salvó de ese modo a los habitantes de la isla.
Marcos volvió en sí en la librería como si regresase de un viaje en el tiempo y no pudo contenerse. Compró de inmediato un ejemplar y se lo bajó a la cafetería en la que habitualmente se regalaba su rato de lectura. No podía creerlo. Se trataba del cuento que durante años había perturbado sus sueños. Lo tenía delante, escrito y encuadernado. Lo leyó de un tirón y decidió buscar al autor. Tecleó su nombre en Google y clicó en imágenes. Lo que apareció en la pantalla de su smartphone le paralizó el corazón. Era su vivo retrato aunque con el pelo más largo.
Su mente se aceleró. La explicación que unía la historia del cuento con aquella cara conducía a una única persona: su hermano gemelo. ¿Era posible que no hubiese muerto en aquel accidente? Y, si fue así, ¿por qué nunca nadie le contó que también había sobrevivido? Preguntas que sin duda merecían una investigación para la que no sabía si estaba preparado. Se apoyó en el respaldo de la silla, cogió su taza de té y cardamomo y dio un sorbo mientras meditaba si quería conocerlo. Decidió que ya lo pensaría al día siguiente.


jueves, 7 de abril de 2016

EL REGALO - reseña

Acabo de terminar esta novela escrita por Eloy Moreno. Mi interés por él ha ido creciendo a cada libro que he leído. El bolígrafo de gel verde me pareció un descubrimiento interesante, que mejoró con Lo que encontré bajo el sofá y que ha llegado a un elevado nivel con esta su tercera novela titulada El regalo.

Eloy elabora una trama con dientes de sierra. Te adentra en la trama principal y de repente te presenta un retazo de una nueva subtrama que no sabes qué tiene que ver con la principal, tan solo unas líneas que te dejan con la intriga para continuar con el argumento central. Unas cuantas páginas más adelante retoma ese pequeño adelanto para seguir desarrollándolo y uniéndolo al eje del libro. Esa estructura en escalera te permite mantener el interés por lo que va descubriendo in crescendo.

Me ha gustado todo de este libro, comenzando por la presentación como un auténtico regalo dentro de su caja, el tema del que trata, con el que Eloy ha conseguido despertar oscuros rincones dormidos en mi consciencia, la creación de los personajes que ha elaborado, singulares, que te acercan al límite del freakismo pero luego retroceden hasta la normalidad. Por supuesto, el ritmo. Creo que no es baladí el formato y la maquetación elegidas para la impresión de las líneas. El hecho de tener tantas "medias páginas" genera un ritmo de lectura que te obliga a continuar y no poder dejarlo pues ves que avanzas con rapidez. Y finalmente el desenlace, inesperado y muchos otros adjetivos que no puedo decir aquí para no hacer un spoiler.

He llorado con este libro, he sentido escalofríos. Mis sentimientos se han resquebrajado desde su base y he tenido en muchos momentos la sensación de ser yo quien estaba viviendo esa novela. Por eso, porque ha conseguido lo que cualquier buena literatura ha de conseguir, emocionar, no dejar indiferente y, sobre todo, entretener. Y porque veo que Eloy sigue una línea de calidad exponencial con cada novela recomiendo su lectura a todo el mundo. Yo lo calificaría como un texto cabal, emocional y reestructurador. Algo de mí ha cambiado tras su lectura. Por ello debo decirle gracias y maldita sea lo que has hecho Eloy. Y todo eso sin conocerme. Algún día me gustaría poder llegar a crear algo que impresione al lector tanto como tú lo has hecho conmigo.