viernes, 8 de noviembre de 2013

Crear el tiempo

Toda nuestra vida discurre por un estrecho corredor donde se nos consume el tiempo. Siempre faltos de él, tantas veces nos gustaría que el día durase más de veinticuatro horas. Y en esa falta absoluta de control sobre el mismo, muchas veces hemos imaginado y, tal vez, soñado, con la posibilidad de “comprar”, cuando no “crear” tiempo.

Sin duda sería el negocio de la década (yo diría del siglo), poder comprar tiempo. Imaginémonos realizando una compra a través de un portal de Internet y pagando con Paypal por una hora y media para el próximo sábado, si necesitásemos un tiempo extra para ponernos al día con tanto trabajo atrasado. O por ejemplo comprar un par de horas del último día de nuestro viaje de novios para alargar la delicia del momento. Si lo pensamos bien, las posibilidades son infinitas.

Interesante también sería cómo y quién establecería los precios. ¿Habría período de rebajas?, ¿se incrementarían con el IPC anual o con otro índice relativo a otros parámetros? ¿Se podría regalar a modo de cheque regalo? Y los precios, ¿cambiarían de un país a otro y según en qué moneda se pagasen? ¿Valdría lo mismo un cuarto de hora comprado en la City de Londres que si se comprasen en un pequeño pueblo del interior?

Hoy en día esto nos parece ciencia ficción. Pero ¿qué pensaron los ciudadanos del momento cuando Julio Verne anticipó el viaje a la luna, o la inmersión a bordo de una “nave” bajo el fondo del mar?.

Desconozco si algún día, en décadas o siglos posteriores alguien podrá leer este texto.

Si eres tú quien lo está leyendo, ten en cuenta que estamos en el año dos mil trece, que estamos en crisis y como ya imaginarás la crisis obliga a estrujarnos el cerebro y la creatividad para parir textos como este.


Pero cuéntanos, ¿a cuánto está el minuto en el año en el que estés viviendo?...


miércoles, 3 de julio de 2013

Antitopicando

Antitopicando

Qué feo, burdo y, muchas veces, aburrido es el tópico por repetitivo. En especial cuando se refiere a cuestiones de identidad, ya sean sexuales, religiosas, de nacionalidad o ideología. No digamos nada cuando apelan al aspecto físico de alguien o de un grupo de características determinadas.

En todos ellos, yo veo siempre el antitópico y soy protagonista de más de uno.

Algunos lo llamarán “excepción”, utilizando la expresión (también tópica): “La excepción que confirma la regla”.

No estoy de acuerdo. No se trata de una excepción sino de una individualidad. Si nos centrásemos más en las especificidades de las distintas individualidades con que nos topamos en la vida y dejásemos de generalizar y “topicar” nos iría mucho mejor.

Si considero los tópicos “típicos” aplicables a mi persona, tendría que definirme como cabezón (por ser Zaragozano), introvertido y ordenado (por ser Virgo), inútil para hacer las labores del hogar y / o el cuidado de los niños (por ser hombre), sentir permanentemente la culpa católica (por razones evidentes de religión), disfrutar viendo las carreras de coches en televisión (hombre, de nuevo), horrorizarme si ponen una película sentimental por televisión (el hombre no puede ser sensible) y, de practicar un deporte tendría que ser uno de los siguientes típicos de la masculinidad: Fútbol, ciclismo, boxeo y apurando mucho, y porque está de moda, padel.

Como soy de ciencias se supone que no me debería gustar en exceso el mundo del arte, tendría que poder resolver cualquier problema y/o cuestión que ocurriera en cualquier momento y en general debería tener un aspecto descuidado, ser más bien feo, probablemente con gafas y sin cuidar mi imagen exterior.

Sí, como he dejado entrever soy un defensor acérrimo del Antitópico. Me encantan las personas con identidad propia, que se salen de los convencionalismos, defienden sus ideas, son plenamente asertivas y son capaces de criticar y cuestionar lo incriticable e incuestionable.

Es por eso que no creo en Dios aunque me encanta estudiar las religiones y entenderlas, me gusta el arte abstracto a pesar de que no puede parametrizarse de ninguna manera, los deportes minoritarios como la gimnasia deportiva, las películas románticas y el punk, a la vez que las convenciones sociales y la buena educación. Definitivamente, no es incompatible.

Una persona debe ser la suma de todo eso y muchas más cosas que pueden parecer imposibles de coexistir por responder a tópicos diferentes y excluyentes pueden y deben conformar la personalidad de cada uno.

Y una vez más, ello es posible relativizando lo que de absoluto tiene el tópico. Así pues, una vez más me reafirmo: lo absoluto no existe. Por ello, ¡ “antitopiquemos” todos !

sábado, 22 de junio de 2013

Paradoja de la cotidianidad

Paradoja de la cotidianidad


Cuando me hablas, no entiendo lo que quieres decirme. En cambio, cuando no dices nada, te comprendo perfectamente.

jueves, 20 de junio de 2013

INCORREGIBLES - LIBRO COLECTIVO

Os adjunto el link del catálogo de Urania ediciones donde podéis encontrar el libro Incorregibles en el que he participado con el relato titulado: La magia de un momento

Fran

http://www.uraniaediciones.com/catalogo.php

miércoles, 19 de junio de 2013

Pensamiento Positivo

PENSAMIENTO POSITIVO


Ver el lado positivo de las cosas es siempre una opción. Poder hacerlo o saber cómo hacerlo es la dificultad que muchos de nosotros tenemos. Si se es de naturaleza pesimista, siempre se tenderá a caer en el abatimiento cuando cualquier circunstancia ocurra, imaginando que lo peor va a suceder.

En mi caso, teniendo un carácter más pesimista que lo contrario, he conseguido superarlo con el pensamiento relativo.

Relativizar todo en la vida es fundamental. Considero que los valores “absolutos” no existen y que todo depende del color del cristal con que se mire.

Aunque nuestra cultura y educación católica nos ha creado una conciencia de cómo ha de ser todo en la vida, es gracias al descubrimiento de otras civilizaciones y países como he aprendido a sacar siempre lo positivo de cualquier situación vital, poniendo entre paréntesis lo que a priori me parecería una desgracia.

Durante un viaje a un país no desarrollado ocurren innumerables situaciones en las que uno puede sacar su lado negativo. Retrasos en las conexiones de tren y avión, dormir en decepcionantes hoteles, sufrir comidas incomestibles, por no hablar de la convivencia con quien es tan diferente a uno mismo que la nutre de vivencias surrealistas.

Curiosamente, todo aquello que, habiendo ocurrido en un país como Argelia, te puede parecer terrible, se torna en increíble cuando lo comparas con Bangladesh. Ya no te digo nada si la comparación se realiza con un país europeo y uno del tercer mundo.

Recuperar la salud cuando se ha perdido, disfrutar de algo que se ha deseado durante mucho tiempo y ha costado mucho esfuerzo lograr, aprender de los errores extrayendo lo que de enseñanza constructiva se pueda sacar, son ejemplos de cómo un pensamiento y actitud positiva ante la vida nos ayuda a disfrutar de ella.

Pensamientos positivos favorecen hechos positivos. Sembrar y cuidar el positivismo termina revertiendo en cosas positivas.

Lo mejor, siempre está por llegar. Ese ha de ser nuestro permanente norte y seguro que siguiéndolo viviremos mejor.