domingo, 17 de marzo de 2019

Prefiero


Prefiero el principio al final
Prefiero lo relativo a lo absoluto
Prefiero lo cotidiano a lo excepcional
Prefiero lo diferente a lo habitual

Prefiero el arte abstracto al figurativo
Prefiero la imaginación a la cerrazón
Prefiero la prosa a la poesía
Prefiero la música al silencio
                 
Prefiero amar a ser amado
Prefiero criticar a que me critiquen
Prefiero ser barbado a ser imberbe
Prefiero la talla 42 a la 44

Prefiero Europa a América
Prefiero Londres a cualquier otra ciudad
Prefiero el Mediterráneo
Prefiero la primavera al invierno

Prefiero los guisos de cuchara
Prefiero los desayunos en familia
Prefiero el cava rosado
Prefiero el vinho verde

Prefiero madrugar a trasnochar
Prefiero pensar a hablar
Prefiero mirar a ser mirado
Prefiero comenzar a terminar.

sábado, 16 de marzo de 2019

La soledad de los números primos - Mi crónica de lectura


O lo que viene siendo un “coitus interruptus”. Y es que comencé la lectura de la novela de Paolo Giordano con mucha intriga porque todos los amigos y lectoras que me la habían recomendado lo habían hecho con el ímpetu de calificarla casi como obra maestra, como una novela que les marcó, que les impactó en muchos casos y por tanto acudí a ella con las expectativas muy altas.

Debo decir que el comienzo es inquietante. Y la novela comienza con esa capacidad de despertar en el lector el interés por lo que parece va a ser una gran historia de superación. Y a medida que adentras tus ojos entre sus líneas te das cuenta de que faltan cosas, no hay una continuidad lineal al uso. O sea, es como si estuviéramos leyendo una novela intermitente.

               
Y a pesar de esa intermitencia, se puede encontrar la evolución lógica de la trama, aunque parece que al autor le guste dejar las cosas sin terminar. Los episodios, que podrían continuar con muchas más explicaciones o conclusiones, se quedan a medias y la trama da un salto temporal para abordar otro momento de los protagonistas sin que el anterior importe

De manera que el lector se queda con ganas de saber o imaginar qué hubiera pasado. Son quizá esa discontinuidad y esos vacíos los que generan el interés por averiguar qué sucederá en el siguiente salto. Y entonces llegas al final. Y sí, como mejor lo puedo describir es como un coitus interruptus. O sea, estamos en el momento previo al orgasmo, en lo más alto y de repente es como si nos echasen un cubo de agua fría encima.

Nos quedamos sin final, sin saber lo que podríamos haber sabido, sin climax y pensando que o bien el autor no supo terminar la novela o bien le entró prisa. No sé, quizá como he dicho antes mi expectativa al comenzar la lectura era demasiado alta. No digo que no me haga gustado. No. He disfrutado leyéndola, pero me ha dejado un poco tibio al final.

Aun así, recomiendo su lectura.

jueves, 14 de marzo de 2019

Ya no cuento - nuevo vídeo de Overlain




En enero cuando hice mi crónica del fantástico disco de Overlain, titulado Estado Global,

https://loabsolutonoexiste.blogspot.com/2019/01/overlain-electropop-con-sentido-y.html

escribí esto sobre su canción Ya no cuento

Ya no cuento es una de las más frescas y electropop de todo el disco. Aunque la letra es muy seria y se acerca a nuestra realidad cotidiana, está compuesta con más ritmo y loops propios de la música de baile.

Viendo el vídeo en el que Herve viste una camiseta de David Delfín que dice each man kills the thing he loves encuentro todavía más seria la canción y quizá más pesimista de lo que me había parecido en las primeras escuchas. Y es que los mensajes de su letra reflejan lo tremendo del mundo en que vivimos, desde por qué el odio nos lleva a tantos desastres y guerras hasta las claves del consumismo, como dice la canción comprar y nunca tener.

Me gusta mucho la factura del vídeo, intercalando imágenes de realismo actual a pequeños bits, como pequeños flashes que quisieran llamar la atención a nuestras conciencias y creo que Overlain consigue una ambivalencia clara, contrapone lo fresco del sonido electropop con la profundidad del mensaje en un video muy pop, y que invita a reflexionar.

¡Enhorabuena!

sábado, 9 de marzo de 2019

50 Escritores singulares



50 PERSONAS SINGULARES aceptaron una invitación para participar en esta sección de mi blog Loabsolutonoexiste. 50 escritores divertidos, entrañables, imaginativos, surrealistas, comprometidos, enternecedores, clásicos, misteriosos, alternativos, exitosos, noveles, sorprendentes, cercanos, críticos, maduros, históricos, musicales, y también podría haber escrito que fueron 50 escritoras divertidas, entrañables, imaginativas, surrealistas, comprometidas, enternecedoras, clásicas, misteriosas, alternativas, exitosas, noveles, sorprendentes, cercanas, críticas, maduras, históricas, y musicales. Porque de todo hay entre 50 mentes creadoras, amantes de la literatura y sobre todo de la escritura.

¡Gracias artistas!

miércoles, 6 de marzo de 2019

El Enigma (Josefina Aldecoa) - Mi crónica de lectura


Comencé la lectura de El Enigma haciendo gala de su título y sin tener ni idea de qué podía tratar esta novela. Me movió a su descubrimiento la autora, a quien tenía ganas de leer desde hacía ya un tiempo.

Y puedo decir que durante casi toda la lectura de la novela no he podido entender el porqué del título.

Nos ofrece, en cualquier caso Josefina una novela que gana en intensidad, profundidad de sus personajes y reflexión en el lector. Es decir, en mi opinión es una novela que va de menos a más y en ese ir a más la evolución de la trama te obliga a mirar dentro de ti, a analizar tu propia vida, a criticar tus lugares comunes y asumir las exigencias a las que la rutina y la inercia te han conducido. No es un libro fácil si se sabe leer dentro de la historia. Si se es capaz de extrapolar la vida de Daniel, Berta y Teresa a la categoría general para luego pasarla por el filtro de tu propia experiencia. Si se puede llegar hasta ese punto, la novela resulta demoledora, hiperrealista y profundamente cotidiana.

Y unido a todo ese tremendismo existencial, está la prosa agradable y “primaveral” de Josefina, que facilita la lectura, entretiene, genera sentimientos  de fácil explicación y consigue enamorarte de su forma de construir las frases, de su composición temporal y de la deliciosa importancia de la geografía en sus personajes principales.

Hay también el relato crudo y una vez más realista de la adolescencia. Aunque la novela transcurre a mediados de los ochenta, el relato es completamente actual. Parece mentira, por momentos, que hayan pasado más de veinte años y los adolescentes sigan en las mismas ahora que entonces. El ser humano en su desarrollo, antes, ahora y siempre.

Mi mayor crítica de la novela es cómo sale parado el personaje masculino. No digo que no haya hombres así, por supuesto que los hay y los habrá. Hombres en cierta forma cobardes para acometer decisiones limpias y renovadoras. Reconozco que una de las féminas de la novela tampoco sale demasiado bien parada, anclada en su burguesidad mediocre y rancia. Pero en mi opinión la crítica es más ácida en el caso de Daniel. No sé, quizá sea una visión masculina de una novela muy femenina. Llamadme clásico.

Os la recomiendo a todos y a todas como dicen ahora los modernos progres feministas, o como dice una buena amiga mía, criaturas, leedla.

viernes, 1 de marzo de 2019

La decisión


Amaya avanzaba en la cola que se había formado en la librería para que el autor Pablo Gómez, que presentaba aquella tarde su novela, firmase el ejemplar que acababa de comprar. Se titulaba La decisión y estaba basada en hechos reales según había contado él. 

Trataba de la vida de una investigadora dedicada al desarrollo de fármacos para el tratamiento del Ébola, que había decidido, en un momento determinado de su vida, abandonar España, a su marido y a sus hijas para instalarse en el Congo, país donde la mortalidad por el virus alcanzaba niveles altísimos. El autor explicó que, aunque había ciertas tramas secundarias de ficción, la base de la novela estaba inspirada en la vida real de la investigadora con la que él mantuvo una relación sentimental durante cuatro años, bastante tiempo antes de que ella viajase a África, donde murió varios años después víctima del virus al que dedicó su vida de investigación.

Amaya había leído la noticia de la publicación de aquella novela la semana anterior y en el mismo momento estuvo segura de que se trataba de un calco de la vida de su madre, que murió en el Congo cuando ella tenía dieciocho años. Por eso su curiosidad pudo más que todo y acudió aquella tarde a la presentación. Quería mirar a los ojos de aquel autor para saber qué le había inspirado a escribir sobre la vida de una mujer que podría ser la de su madre.

Y a medida que avanzaba la presentación y Pablo diseccionaba los detalles generales de la vida de la protagonista, Amaya supo, con total certeza, que no se trataba de un calco, sino del caso real de su propia madre. Él dio datos concretos, situaciones y fechas durante las cuales su madre ya estaba casada con su padre y sin embargo al mismo tiempo vivía una historia de amor con Pablo. Así que aquello era lo más cercano a la confesión de una infidelidad que nadie había sospechado en su familia, al menos ella nunca tuvo ningún indicio. 

Y entonces empezó a hilar las fechas que Pablo había indicado durante las que duró su romance y las de su propio nacimiento y todo parecía cuadrar de forma sospechosa. Siempre se había sentido diferente a sus hermanas. No era nada concreto que pudiese definir, pero había algo en sí misma que la hacía sentir distinta y quizá ajena a su familia. Ella lo achacaba simplemente a su carácter, diferente, abierto, y tan distinto al de sus padres, pero creía que había surgido por generación espontánea. Aunque quizá había otra explicación.

Su intriga, y casi convencimiento, había aumentado tanto que no podía esperar más.
Avanzó en la fila y allí estaba, a unos pasos de la mesa donde éste firmaba ejemplares.
Y cuando por fin le tocó a ella, y él la miró a los ojos, vio un reflejo de sí misma en aquellas pupilas. Supo que había algo de él en sí misma y sufrió una identificación con alguien que en realidad acababa de conocer.

Fue a pedirle la dedicatoria, pero él se le adelantó. Le dijo simplemente.
—Hola hija. ¡Qué ganas tenía de conocerte!