domingo, 13 de agosto de 2017

La huella de una carta - Mi crónica de lectura

Terminé ayer de leer La huella de una carta, fantástica novela en la que Rosario Raro nos sumerge en la España de posguerra, en la etapa del franquismo en que las convenciones sociales lo eran casi todo. La España en la que el consultorio sentimental de Elena Francis triunfaba por pueblos y aldeas así como en las grandes ciudades, y la España en la que la mujer normalmente estaba dedicada a “sus quehaceres”.

Es difícil escribir una crónica objetiva de lectura de La huella de una carta, porque tengo tanto cariño y admiración por su autora, Rosario Raro, con quien trabajé durante un año largo la que fue mi primera novela

¿Cómo pudiste hacerme esto a mí? 

y con la que aprendí tanto sobre escritura, que la amistad pesa mucho en la emisión de una opinión sobre la suya.

Sin embargo, en esta ocasión también, como con Volver a Canfranc, Rosario me lo ha puesto fácil porque mi opinión sería igual de buena si no la conociese de nada.

Y es que ya desde el principio los ojos multicolor de la belleza que conforma la portada te invita a descubrir si pertenecen a su protagonista, Nuria Somport. De ser así, todavía aumentaría más mi admiración por ella, por su valentía, por su lucha por aquello en lo que cree justo, en encontrarse a sí misma, en no contentarse con el mundo que se le había pre asignado como mujer en esa España masculina y gris. Nuria es, sin duda el alma de esta novela. Aunque a veces nos pueda parecer un poco naif descubriremos que su carácter, su determinación, van mucho más allá de lo que podamos creer.

Y desde muy temprano nos sumergimos en su vida, en su cotidianidad, con sus hijos, su quehacer diario y podemos hasta ver cómo siente, lo que anhela, cómo es su vida y cómo le gustaría que fuera. Y esa facilidad con la que te sumerge la novela en su historia es justamente la que te impide salir de ella. Yo tuve que obligarme a dosificar su lectura, para disfrutarla durante más días, pues de no haberlo hecho la habría comenzado y terminado el mismo día.

Me encanta que, así como normalmente el héroe tiene a su chica que lo arropa, en esta novela es al contrario. Para mí, Nuria es la heroína y, por supuesto tiene también a su chico que la ayudará siempre y la amará.

La historia que descubre e investiga Nuria Somport es tremenda, real, terrible y maliciosamente silenciada en la España que hemos vivido y que vivimos. Y es que el control y poder de la industria farmacéutica es, en mi opinión, mucho mayor que el de otros poderes fácticos, como la banca o la energía, y, aunque en la sombra, estoy seguro de que tarde o temprano saldrá a la luz como la verdadera controladora de muchos intereses del mundo moderno.

Rosario tiene la virtud de tejer una trama novelística en torno a esa tragedia en la que no faltan la intriga, la pasión, el retrato milimétrico de una época concreta de España y de la forma de vida que había entonces. Además, la narración y los numerosos diálogos, así como las cartas enviadas al consultorio y que Rosario reproduce (seguramente creación suya, pero bien podrían ser tan reales como las que se leyeron durante años y años) dan muchísima agilidad a la novela y eso la hace para mi gusto como lector aún más interesante.

Resulta fascinante la variedad de temas que esas cartas contenían, algunos inverosímiles y absurdos, otros de auténtica tragedia, pero sin duda eran un reflejo de la sociedad del momento. Y aún más sorprendente (por no decir espeluznante) eran algunas de las respuestas que se hacían llegar a sus remitentes.

La novela te conduce por una investigación que, a la par, te invita a llevarla a cabo en el mundo real, en las publicaciones sobre la Talidomida y la difícil vida que sus afectados tuvieron y siguen teniendo.

Creo que la novela está resuelta con maestría, en un final que está muy a la altura de las expectativas que Rosario ha ido creando a través del avance de Nuria Somport y Boro Navascués en esta dura y oscura historia.


Una lectura que recomiendo para este verano porque entretiene, acompaña, indigna, apasiona y sobre todo, no te dejará indiferente.