viernes, 4 de noviembre de 2016

TELETRANSPORTÍN

Teletransportín vivía en la zona este de la gran república de Imagenio. Su vida era rutinaria. Por las mañanas, después de levantarse temprano para mirar las noticias, preparaba su estrategia de comunicación. Elaboraba una compleja hoja de ruta gracias a la cual su existencia podría ser conocida en el destino final. Una vez que tenía claro adonde dirigirse, procedía al envío del paquete de información por las tres vías disponibles: La sensorial, con la que accedía a un alto porcentaje de la población mundial. La electrónica, que lo mostraría en las terminales y pantallas de todo el mundo, y la ideográfica, la más difícil pues suponía materializarse desde el mundo de las ideas al mundo físico que habitaban los humanos.
Cada día seguía la misma secuencia, convencido de que algún día, cada vez más próximo, sería descubierto por una mente brillante, como les había sucedido ya a otros muchos compañeros de sección.
Sin embargo, los años pasaban y presenciaba con tristeza cómo su amigo, el Bosón de Higgs se marchaba con un enorme revuelo científico. También le habían dejado en los últimos meses el motor de iones de Xenon, que la Nasa había extraído de Imagenio con mucha discreción y el Levitron, que se había utilizado para los trenes bala que permitía velocidades límite al no haber contacto físico con los raíles.
Todos los compañeros que habían transcendido del mundo de los inventos al real, habían sido presentados como grandes aportaciones del ser humano. Nadie sabía que en realidad, ellos, los inventos, existían desde hacía milenios en Imagenio, el mundo al que solamente las mentes superdotadas podían acceder.
En una ocasión estuvo a punto de poder establecer un vínculo con la Tierra. Fue en 1943. El navío de nombre Eldridge llevó a cabo un intento de teletransportación. Desaparció de la vista de la armada estadounidense en Philadelphia durante unas horas y un marinero declaró haberlo visto a seiscientos kilómetros de distancia pero el barco regresó a ser visible en Philadelphia pasado ese tiempo. Teletransportín envió información a raudales, deseoso de que alguna de las mentes involucradas en el proyecto contactasen con él pero al final, no pudo ser.
Pero hoy, en el año 2016, su esperanza ha aumentado de forma desmesurada. Hay dos investigadores chinos, Tongcang Li y Zhang-qi Yin que han propuesto teletransportar la memoria cuántica de un organismo vivo a otro. Aunque los han tildado de locos, Teletransportín por fin sabe que evolucionará al mundo real, ya que esa es justamente la puerta que había que abrir para conseguir llegar a él.
Así que ha echado un vistazo a su alrededor y se ha despedido de sus compañeros de sección, de Ordenadorcuántico, que también está ya preparando sus maletas, de Estructuracerebral, que ve su momento aún muy lejano y en especial de su amigo Agujeronegro, con quien pronto se reunirá en la Tierra, bien sea utilizándolo a él o de forma autosuficiente, viajando a su propio través.

¡Mira que tocarle un par de chinos! Con lo a gusto que habría llegado a California…