lunes, 13 de mayo de 2013

Lo absoluto no existe

Lo absoluto no existe.

Esta puede parecer una frase muy pretenciosa que encierra sin embargo una gran verdad. Cada día me encuentro más cercano al pensamiento relativista en el que todo depende de todo. Nada es absoluto.

Hay muchos ejemplos:

En nuestro entorno más cercano nos puede parecer que vivir en pareja un hombre y una mujer sin estar casados es lo más natural, y eso mismo puede verse como un ultraje a las buenas costumbres en otro país y/o época. Llamar a gritos a un conocido a quien vemos por la calle puede parecer algo gracioso, normal o incluso inaceptable según las costumbres del país donde nos encontremos.

Tocar a una persona, el modo de saludarle, besarle o no, todo ello puede ir del 0 al 100 en una escala de valoración, dependiendo del modo de vida y los valores que cada cultura defienda.

Seguramente encontraremos habitual y lógico matar a una vaca para comernos su carne, cuando en la India se tomará como un sacrilegio. Lo mismo con cerdos, perros y cualesquiera otros animales.

El relativismo se torna extremo cuando se acerca al mundo de las religiones. Hablar de Dios abiertamente y criticarle puede tornarse en una condena a muerte en ciertos países cuando es materia de debate incluso en programas de televisión en el primer mundo.

Ciertamente, es muy difícil, casi imposible, encontrar un valor universal transversal que sea evaluado como un "activo fijo". Algo que se esté donde se esté, y en el momento en que se esté sea siempre considerado igual.

Ni siquiera el derecho a la vida. Sí, algo tan brutalmente obvio, puede pisotearse bajo el denigrante argumento de "salvar el honor de una familia", hecho acaecido este mismo mes en Iran. Ejemplos como ese, pueden entrar en el mismo barbarismo que los países donde existe la pena de muerte o épocas de nuestra civilización donde se ha matado por razón de raza, sexo, religión o condición social.

Así pues, debemos abrir nuestra mente. Nada es lo que nos parece o, al menos, tanto como nos pueda parecer (sea en un sentido o en otro) y, es seguro que si, tras crearnos una opinión sobre un hecho concreto, lo filtramos con la mirada de una persona de otra civilización u época, perderá un alto porcentaje de la misma, tornándose mejor o peor según cuál haya sido el filtro.