Mostrando entradas con la etiqueta #unioneuropea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #unioneuropea. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de enero de 2019

A vueltas con las pensiones

Me quedan unos 20 años para jubilarme y tengo casi asumido que tendré que trabajar hasta el día que me muera. Esta frase puede parecer un poco dura, pero lamentablemente, me parece que puede llegar a convertirse en realidad.

Y es que en España no tenemos políticos de nivel. Tenemos falsarios que buscan el éxito cortoplacista y empujan los problemas reales de la sociedad pensando “el que venga detrás que arree y apechugue con el problema”.

Creo que ninguno de los actuales líderes tiene la fuerza y la valentía para hacer un planteamiento a veinte años vista. Su horizonte más lejano son los 2 años que pueden quedar para las nuevas elecciones. Y así nos va. Y así nos irá.

Y claro, unos nueve millones de pensionistas, conocidos por ellos como nueve millones de posibles votos son muy suculentos. Y “mejor no menealho” que dijo aquél.

Pero hay dos realidades que son incontestables: La baja natalidad de la sociedad española y la generación del baby boom que ahora está entre los 40 y los 50 años (entre los que me encuentro) y que dentro de veinte será pensionista.

Se mire por donde se mire, en torno a 2035 habrá muchos menos jóvenes y muchos más ciudadanos de más de 65 años cuyas pensiones (si no se hace algo desde ya) no podrán ser sustentadas por los salarios de los primeros.  Esto no es ni de derechas ni de izquierdas ni de la vieja ni de la nueva política. Simplemente es la realidad que ningún partido político quiere abordar y que nos conducirá a la primera frase de esta reflexión.

Es obvio (al menos para mí) que tendremos que trabajar hasta más tarde (ahora se ha ajustado a los 67 años pero seguro que será como poco hasta los 70). Es obvio que las pensiones serán cada vez menores y es posible que incluso haya que seguir trabajando para poder vivir pasados los 70.

No es que no haya dinero. Dinero hay. Porque hay para rescatar a las autopistas radiales de Madrid que nadie entiende por qué se construyeron, para el proyecto Castor que se firmó ya blindado contra pérdidas, para rescatar bancos con decenas de miles de millones bajo la supuesta amenaza de que si no el sistema se hunde y para cualquier otro despropósito que la cultura del despilfarro haya decidido. Pero claro, para financiar el sustento de la vida de quien ha trabajado treinta o cuarenta años no hay. Y esto va a ser así con cualquier gobierno que haya. No seamos ingenuos. Ahora lo va a decidir así el PP pero el PSOE no hizo nada muy distinto y los que vengan, si vienen harán lo propio porque hay una señorita llamada Unión Europea que no les dejará.

Así que el panorama no puede ser más desolador. Una realidad evidente y demográfica que ningún político ni asesor quiere contemplar y mucho menos analizar bajo el miedo de la pérdida inmediata de votos que tendría.

Desde mi punto de vista sólo hay dos soluciones posibles: O los jóvenes españoles se ponen a procrear con igual alegría que ocurrió en los 70 o llega un partido político al poder que no tenga miedo, que dedique el dinero a la gente, a los que lo necesitan, y se preocupe mucho más de las personas que de las instituciones. Esto último, a día de hoy, me parece ciencia ficción.

Llamadme pesimista si queréis pero mucho me temo que es lo que hay. (¡Cómo odio esta frase conformista por cierto….!)

martes, 31 de julio de 2018

PAPÁ ESTADO

Hoy he estado escuchando a un político regional cómo estaba potenciando con políticas locales el desarrollo del mundo rural. Más que potenciarlo lo que ha dicho que estaba haciendo era rescatarlo del abandono al que generaciones de políticos lo han condenado.
Y es que las sucesivas políticas liberales de partidos conservadores y pseudoprogresistas, unidas a las directrices ultraliberales de la Unión Europea han supeditado a la “rentabilidad” todas las acciones de apoyo social que se habían comenzado a principios de la democracia.
Es una falacia que todos los españoles tengamos los mismos derechos. No es cierto que una persona que vive en una pedanía de Cuenca tenga los mismos derechos que otra que vive en una gran urbe. Es triste pero cierto. No tiene acceso a los mismos servicios ni atención ciudadana básica que otra que viva en una ciudad. Y la entrevista de radio que he escuchado me ha recordado las veces que he pensado y defendido por qué tiene que haber “un estado”. O sea, por qué el estado ha de tener un cierto tamaño que no deje al libre albedrío y competencia del mercado los servicios y la atención de sus ciudadanos.
El ejemplo más característico es el de RENFE. SE habla ahora de la posible privatización del sector ferroviario para fomentar la competencia con empresas privadas que “agilicen” y movilicen el sector. Es algo de lo que estoy totalmente en contra. Es decir, la competencia no siempre es buena. Y no es buena cuando la empresa en cuestión a privatizar ha de dar un servicio a todos esos españoles que, de no ser por ella, jamás podrían tenerlo.
Es evidente que si RENFE se privatiza, habrá un número ingente de servicios de tren a pequeños pueblos y rutas que por ser deficitarias se eliminarán en aras de esa “rentabilidad”. Y sí, son deficitarias, pues tienen muy pocos viajeros, pero tienen que existir para dar a esos viajeros el servicio al que tienen derecho. Y eso solo lo puede hacer y cubrir PAPÁ ESTADO, o sea, todos nosotros y la solidaridad interregional.
Ocurre lo mismo con la asistencia sanitaria o educativa. ¿Por qué en una zona de pequeños pueblos con ya muy pocos niños, se les obliga a viajar decenas de kilómetros para acudir a una escuela, con la excusa de que “no es rentable” abrir una para tan pocos alumnos? Acaso esos niños no tienen el derecho per sé, de tener acceso a la educación cerca de su casa. No es tan algo el coste de hacerlo, si lo comparamos con los rescates de obras faraónicas que hemos tenido que pagar entre todos, como rescates de autopistas radiales, explotaciones de gas, o rescates bancarios. Para eso nunca se utiliza la palabra rentabilidad, para socavar los derechos sociales sí.
Por eso España se despuebla, por ello cada vez hay más pueblos fantasmas, abandonados por sus habitantes, que no encuentran respuestas en una clase política alejada del mundo real, el que siempre ha nutrido España, el de sus pueblos y gentes.
Sin entrar en ideologías, tendría que haber un partido fuerte que defendiese la base de la sociedad española, sus tradiciones, sus pueblos y costumbres, lo que no está reñido con la modernidad y con el deseo de evolución y mejora. Todo lo contrario, es precisamente en esos pueblos, en los que esa evolución y mejora tendría que comenzar y dejar de mirarse tanto el ombligo de las grandes capitales.

Y todo esto lo dice uno que renegó en su día de su pueblo, que le parecía lo peor y al que ha vuelto después de tiempo, ha sabido valorar la vida tranquila y cotidiana, la de verdad, la de las personas de bien que simplemente quieren ser felices y vivir sin problemas, pero eso sí, con los mismos derechos que todos los demás.