sábado, 20 de febrero de 2016

Nos hemos equivocado


Sí, eso parece. No hemos estado acertados. Mira que teníamos suficiente información online, televisiva, en periódicos y radios de todo el país. Días y días plagados de noticias y propuestas relativas a tantos temas desaprovechados al fin. Tendríamos que haber estudiado más y no haber sido tan vagos. El ingente esfuerzo de muchas personas que han dedicado todo su tiempo a que supiéramos cuanto era necesario y pudiéramos analizarlo con la conciencia clara ha sido en vano.
¿Y ahora qué? ¿Qué se supone que deberían hacer con nosotros? ¿Darnos otra oportunidad? ¿O tal vez condenarnos al desgobierno al que nos hemos auto conducido? Si llega la nueva consulta, ¿vamos a ser tan pusilánimes que vamos a cambiar nuestro voto y a elegir esa bicoca que llaman el voto útil? ¿O vamos a mantener nuestras convicciones y a votar lo mismo?

¡Hay que ver! Pobres españolitos mentecatos. Nos creemos grandes demócratas, con décadas de libertad a nuestras espaldas y mirad lo que hemos conseguido. Las ausencias calculadas del expresidente, las luchas contra propios y ajenos del aspirante, los egos del que se puso de moda, la ambición de primerizos desinflados tras las elecciones y el ninguneo a los minoritarios con una ley electoral injusta.

Ninguno de nuestros estudiados líderes de curriculum ha estado a la altura. Es, en definitiva, lo que nos merecemos, porque no creamos que somos mejores que ellos.
La indignación sedada por la rutina de la corrupción se ha instaurado en nuestra cotidianidad y la piel se nos ha engordado tanto que nos da igual.

Si nos preguntamos con sinceridad estoy seguro de que podemos encontrar en nuestro interior un pequeño corrupto, que esquiva el pago de un IVA en un arreglito de su casa, o acepta un enchufe de algún conocido que tenga en un puesto relevante.

También portamos, como no, un pequeño líder intransigente que quiere imponer sus propias convicciones, véanse reuniones familiares y de vecinos…

Lo peor es que guardamos íntimamente un indignado más. Uno que pasa. Ese que ve las tertulias en las que se critica la corrupción y la indecencia política, que se indigna, que gesticula y aborrece lo que ve y oye desde el sofá de su casa, pero que luego nunca participa en nada que contribuya a cambiarlo. Que no cree en la política en definitiva.  Si me apuras, y tiene un plan mejor, ni siquiera va a votar, total, todos son iguales…

¿Qué podíamos esperar si somos en realidad tan mediocres? Pues lo que tenemos: unos políticos mediocres, que desconocen el significado de la palabra democracia, y son incapaces de ceder áreas de su “supuesto” programa político en aras de un entendimiento bajo la premisa de que eso significaría “traicionar a sus votantes”. Que son incapaces de poner perspectiva a sus decisiones, a largo plazo, de imponer el interés general por encima de partidismos y personalismos. Esto último lo podría haber evitado en este texto porque la que lo ha dicho una ex lideresa de Madrid me da mucha grima, pero en fin… ya que lo he dicho lo mantengo, para no desdecirme como nuestros políticos.

Hola, me llamo Francisco Pérez y soy mediocre. Nunca he ido a defender a una víctima en un lanzamiento ejecutado por una entidad bancaria, ni he acogido a un indigente en mi casa una noche de frío. Tampoco he denunciado corruptelas de entretiempo para no tener que lidiar con la justicia y por supuesto he intentado pagar cuanto menos IVA mejor. Al menos sí he ido siempre a votar, con mis convicciones, a veces contradictorias, y otras certeras.

Mi mediocre participación política es, sin embargo de alta calidad si la comparo con la mayoría de los españoles, quienes ni siquiera se hacen este planteamiento. Ello me lleva a pensar que será difícil cambiar la sociedad española y, que hasta que eso suceda, tampoco lo harán nuestros políticos.
Quiero ser un iniciador, una chispa en el océano de millones de españoles y yo, insignificante en tal magnitud voy a crear un cambio en mi activismo político y en mi implicación con el país en el que vivo.


Hoy quiero defender el NO. No señores, no nos hemos equivocado. No nos vengan con la milonga del miedo, de la conveniencia de la gran coalición, del poder ilimitado de los mercados, de la sacrosanta economía y de las dos Españas. El resultado de las elecciones es lo que hemos decidido y es potestad de la política con mayúsculas que así sea. Déjense de titulares y postureos, de hacerse los auténticos y de reunirse para decidir que se volverán a reunir. Abandonen tanta mandanga y formen gobierno de una vez que sea como sea lo que se conforme, saldremos adelante coño, que estamos en el siglo XXI.